Reforma fiscal, un mal negocio

Son los reclamos ciudadanos que deberíamos estar atendiendo en la actual legislatura, cómo revertir una reforma fiscal que ha sido un mal negocio hasta para el propio gobierno.

La llamada “reforma fiscal” ha resultado un mal negocio para el gobierno, no se diga para las empresas y los contribuyentes de clase media.

Después de un mes de enero de euforia, con un reporte de 23% de aumento en la recaudación fiscal mensual, explicado en buena medida por la entrada en vigor de los nuevos impuestos, las arcas públicas han empezado a recibir menos recursos.

Diversos factores explican esta merma. En primer término, el crecimiento económico ha resultado menor a lo esperado. Ya nadie apuesta al 3.9% de crecimiento del PIB, solo las autoridades. Los pronósticos de bancos y consultores son de 2.7 a 3.2%, lo que afecta también a la recaudación.

Por otra parte, la eliminación del IETU está haciendo que 8 de cada 10 empresas busquen consolidar sus pérdidas en el ISR, lo que está provocando una menor recaudación por este concepto; mientras que las ventas minoristas registraron un primer trimestre con baja del 6% promedio, lo que repercute en menores ingresos esperados por el IVA.

Por si fuera poco, la recaudación petrolera también se ha visto afectada. De un crecimiento promedio de 9.5% anual en 2011, la contribución por venta de petróleo al exterior creció solo un 2.5% en términos reales en 2013. Las causas de este descenso son una menor producción de crudo, la caída en el precio internacional del crudo, el tipo de cambio desfavorable para las exportaciones en general y una mayor inflación interna.

La reforma energética prevé el aumento de la producción de hidrocarburos, pero hasta dentro de cinco años, y dependería en buena parte de las nuevas inversiones privadas, no de Pemex, ya que está seguirá contribuyendo a las finanzas públicas con más de 45% de sus ingresos hasta el año 2026, sin que a estas alturas se vea cómo las petroleras privadas podrán contribuir al fisco la cantidad que actualmente aporta Pemex, que el año pasado ascendieron a 800 mil mdp, tres veces la contribución del sector privado en su conjunto por concepto de ISR.

¿De dónde compensará el gobierno está caída general de los ingresos fiscales? De dos fuentes básicamente, deuda pública (el año pasado el Congreso autorizó al gobierno un techo de financiamiento de 600 mil mdp) y de los colchones de los contribuyentes.

Al respecto, es sintomática la experiencia que vivió hace unos días la señora Teresa Ruiz, una ama de casa que me envió el siguiente correo: “En diciembre pasado me vi en la necesidad de vender mi carro, para enfrentar varias deudas de la casa así como los gastos escolares de mis dos hijos menores. Después de malvender mi auto, y por temor a recibir la cantidad en efectivo, decidí depositar la cantidad recibida, 105 mil pesos, en mi cuenta de ahorro. El mes pasado recibí un requerimiento del SAT para que le explicara de dónde había obtenido ese recurso, debiendo comprobar que no era producto de una actividad comercial, o de lo contrario debería pagarle un 20% de impuestos de esa transacción, es decir, 21 mil pesos. Yo soy ama de casa, no tengo un trabajo fijo, ni siquiera tengo un RFC, pero ahora Hacienda quiere que le pague por esa venta, de la que se enteró por mi cuenta bancaria… Deposité el dinero en el banco para no sufrir un asalto en la calle, pero ahora el que me asalta es el gobierno… Yo estoy de acuerdo en pagar impuestos, pero siempre y cuando recibiera a cambio servicios públicos de calidad como una buena educación o una buena atención médica. Pero nada de eso tenemos. No puedo enviar a mis hijos a una escuela pública porque allí no aprenden, ni puedo atenderme en el IMSS porque nunca hay medicinas y siempre recetan lo mismo, Paracetamol o Ibuprofeno, sea gripe o cáncer lo que uno tenga… No se vale lo que están haciendo. Voy a dejar de depositar en el banco y de usar mi tarjeta de crédito, porque me explicaron que hasta esos movimientos deben de reportar a Hacienda… ¿Para eso hicieron ustedes los diputados y el gobierno ese llamado Pacto por México, para terminar de fregarnos? Hace dos años voté por el PRI para la Presidencia, pero nunca jamás en mi vida volveré a cometer ese error”.

Este es el tipo de reclamos ciudadanos que deberíamos estar atendiendo en la actual legislatura, cómo revertir una reforma fiscal que ha sido un mal negocio hasta para el propio gobierno, en lugar de desahogar la agenda de la partidocracia, más preocupada en cómo repartirse el poder público que en resolver las demandas más sentidas de la población.

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