Penélope y las reformas estructurales

Las reformas de gran calado que, en efecto, requieren de un largo plazo de consolidación y maduración luego se atascan y empantanan en el plazo inmediato.

El gobierno vive el síndrome de Penélope. En el día teje reformas y en las noche hila contrarreformas, sentado en la estación donde se supone llegará el tren del progreso, el desarrollo y el bienestar.

Una manifestación de ese síndrome es el manejo del tiempo. Después del apremio por aprobar en el menor plazo posible las reformas estructurales, ahora sus promotores piden paciencia a los mexicanos para recibir los presuntos beneficios.

“Se trata de reformas estructurales no de actos de magia”, advirtió el secretario de Hacienda. Por su parte, el secretario de Energía fijó en 2018, al final del sexenio, el plazo para ver las primeras reducciones en los precios de la luz y el gas.

Recientemente, la directora general del FMI, Cristine Lagarde, después de mostrarse “impresionada” por la magnitud de las reformas realizadas en tan poco tiempo, pidió paciencia a los mexicanos para ver resultados, y de manera encriptada dijo que la población vería los beneficios “en menos tiempo de lo que tardó Diego Rivera en pintar estos murales”, aludiendo a la obra majestuosa de Palacio Nacional. Si consideramos que Diego Rivera pintó los 274 metros cuadrados de murales de palacio entre 1929 y 1951, es decir, en 22 años, y si convenimos que la media del trabajo de Rivera fue de 11 años, tendremos entonces al 2025 como la fecha mágica para cosechar resultados.

Sin embargo, la duda del calendario reformador la despejó el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, al establecer el año 2050 como el momento en que la renta per cápita en México llegará igualarse al promedio de los países emergentes y desarrollados, gracias a las reformas de 2012-2014. Es decir, el proceso de consolidación y maduración de estas reformas tardaría la friolera de 35 años, o más de dos generaciones.

El plazo de Gurría es el más objetivo, pero también el más cruel. Encaja a la perfección en la definición del “largo plazo económico” establecida por John M. Keynes, el economista anticrisis que fijó el tiempo como el recurso escaso más importante en la recuperación de una economía estancada: “Los períodos largos son una guía engañosa para los temas de actualidad. A largo plazo todos estamos muertos”. En efecto, en 2050, usted y yo probablemente no existamos y el país entrará a partir de ese año en un franco proceso de envejecimiento demográfico.

Las reformas de gran calado que, en efecto, requieren de un largo plazo de consolidación y maduración luego se atascan y empantanan en el plazo inmediato. Son como aviones Jumbo a los que les falla el tren de aterrizaje o las baterías de litio.

Casi al mismo tiempo que se cierra la fase parlamentaria del ciclo reformador (agosto próximo) se abre el plazo inmediato de las elecciones de 2015, donde, además de 300 diputaciones federales de mayoría y 200 de representación proporcional, se disputarán siete gubernaturas, 220 diputaciones locales de mayoría relativa, 149 diputaciones RP y 903 ayuntamientos. Hablamos de mil 779 cargos de representación popular y cerca de 8 mil candidatos participantes en la contienda.

¿Alguno de ellos propondrá a los electores, ávidos de tener empleos mejor pagados mayor seguridad, menor corrupción, mejor educación, menos impuestos, teléfonos menos caros y luz, gas y gasolinas baratas, que se esperen a 2018, al 2025 o a 2050 para ver los beneficios prometidos?

Las elecciones de 2015 y las de 2018 serán eminentemente plebiscitarias para las reformas estructurales. Serán tiempos de deslinde y de facturar costos. Y costos altos, con IVA e ISR recargados.

El guión está escrito de antemano. El gobierno endosará al PAN la reforma energética y laboral, mientras que al PRD le cargará la reforma fiscal. Por su parte, PAN y PRD dirán que las iniciativas vinieron del gobierno, y que fueron engañados en cuanto al alcance de las mismas. A la vez buscarán aliarse en lo electoral en algunos estados para hacer frente al PRI, sobre todo después de los resultados de Nayarit y Coahuila.

Y allá en el año 2018, cuando del tren de la historia desembarquen los primeros resultados de las reformas estructurales, Penélope dirá: no eres lo que espero, yo ni te conozco.

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