Molotov en Palacio Nacional

“El ambiente está listo para que una chispa lo prenda. El desánimo que parece invadir a tanta gente puede tornarse violento, desesperado”. Miguel de la Madrid, 1984.

Durante sus casi cinco siglos de existencia, el fuego ha estado presente en Palacio Nacional en al menos cuatro ocasiones. Tres de ellas en contextos de ira y rabia social, el combustible con el que el anarquista (luego funcionario soviético) Viacheslav Molotov armó su famosa bomba casera incendiaria.

La primera fue el 8 de junio de 1692, “una terrible hambruna propició el motín de unos 8 mil indígenas en la Ciudad de México, que se reunieron en la Plaza Mayor para exigir comida. Al no ser atendidos, decidieron prender fuego al palacio del Ayuntamiento y al Palacio Virreinal. Las llamas devoraron cada uno de los salones, estancias y oficinas del Palacio… Al amanecer el día posterior al motín el estado del Palacio era desolador. Muchas áreas de la sólida construcción quedaron hechas cenizas, siendo la zona más devastada la que rodea el Patio de Honor” (Museo Virtualde Palacio Nacional, SHCP, 2010).

La segunda ocasión fue en 1872, cuando se incendió en su totalidad el recinto parlamentario que albergaba la Cámara de Diputados al interior del palacio. Se reportó oficialmente como un “lamentable accidente”.

A lo largo del siglo XIX, a pesar de las enconadas batallas políticas entre liberales y conservadores primero, y entre republicanos e imperialistas después, en ningún momento la sede que originalmente fue casa privada de Hernán Cortés, luego palacio virreinal y por último palacio nacional sufrió atentado considerable alguno.

Tampoco la ocupación del palacio por parte de tropas norteamericanas el 14 de septiembre de 1847, cuando se izó la bandera de las barras y las estrellas en la parte central en señal de victoria, ni la intervención de tropas francesas para instalar a Maximiliano de Habsburgo en la sede de su efímero imperio, dañaron materialmente el palacio.

El tercer atentado ocurrió en el siglo XX, durante el desfile del día de trabajo, el 1 de mayo de 1984, en plena política de austeridad y recortes presupuestales por la crisis económica de 1982: un año antes del sismo de 1985 que pasmó y marcó al gobierno de Miguel de la Madrid, y a cuatro de las elecciones presidenciales más controversiales del siglo pasado, las de 1988. De este episodio el ex presidente Miguel de la Madrid dejó testimonio en su libro de memorias de 871 páginas, Cambio de Rumbo.

“Lo que desgraciadamente caracterizó al desfile fueron los incidentes violentos provocados por pequeños grupos de agitadores, especialmente las dos bombas molotov y la bomba de humo lanzadas contra Palacio Nacional. Una de las bombas incendiarias entró en un balcón donde se encontraban varios invitados, y le provocó quemaduras de alguna envergadura a Alejandro Carrillo Castro, director general del Issste. Las otras bombas se estrellaron contra la fachada del edificio, sin ocasionar daños personales.

“…Quienes causaron los incidentes violentos en el desfile fueron jóvenes agresivos, en su mayoría, a juzgar por su forma de vestir, de clase media. Había entre ellos una buena rociada de ‘güeritos’ y también de refugiados centroamericanos.

“En toda sociedad hay grupos de esta naturaleza; lo que importa es la capacidad para enfrentarlos y manejarlos. En las circunstancias
por las que atravesamos, me preocupa que se conviertan en detonadores de una violencia latente. No cabe duda de que existe el riesgo de que se produzcan movimientos espontáneos de grupos desesperados ante las dificultades del momento, y que surja la necesidad de reprimirlos, lo que puede representar la chispa que prenda un gran fuego”.

Calificado en su momento como un presidente anticlimático, distante de los sentimientos populares y gris respecto a sus políticas públicas, Miguel de la Madrid, sin embargo, traía monitoreado el ánimo social del país. Algo que parece haber perdido el gobierno actual, desde que apareció en el escenario el cisne negro de Iguala, desplegando sus alas de corrupción e impunidad, que primero pasmó al gobierno y ahora lo tiene eclipsado.

El ex presidente concluye su reflexión sobre los “bombazos contra Palacio Nacional” de la siguiente manera: “El ambiente está listo para que una chispa lo prenda. El desánimo que parece invadir a tanta gente puede tornarse violento, desesperado. Si logramos evitar esto y empieza a caminar la economía, el desánimo irá pasando. Así que
por el momento lo que hay que hacer es evitar la violencia”… venga de donde venga, del Estado o de algún sector de la sociedad.

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