Michoacán de Alfredo Castillo

Es conocido que el gobernador sustituto Salvador Jara Guerrero fue presentado por el comisionado a un grupo de diputados locales como la propuesta del Ejecutivo federal para suplir a Fausto Vallejo.

En los regímenes centralistas los encargados de gobernar las “provincias” reciben indistintamente los nombres de “jefes políticos”, “delegados políticos” y hasta “gobernadores”. A la lista habrá que agregar la figura de “comisionado”, donde Michoacán tiene uno de cobertura estatal y Tamaulipas tiene tres de alcances regionales.

La característica fundamental de estos comisionados es que tienen todas las funciones, facultades y poderes de un gobernador electo en las urnas, pero ninguna de sus responsabilidades constitucionales, por lo que devienen en una figura administrativa paralela y por encima del marco normativo.

Cuando se designó al comisionado Alfredo Castillo para Michoacán se precisó que era un nombramiento administrativo, con facultades delimitadas al ámbito de la seguridad y la promoción del desarrollo integral estatal, y que fungiría como una especie de “delegado de delegados federales”, a fin de no contravenir la Constitución que desde 1917 prohíbe cualquier autoridad política intermedia entre el Ejecutivo federal y los ejecutivos estatales.

Sin embargo, de las diversas reseñas públicas que los medios locales y nacionales han divulgado, podemos concluir que el comisionado en Michoacán camina como gobernador, corre como gobernador, cobra como gobernador, actúa como gobernador, acuerda como gobernador, habla como gobernador, designa funcionarios como gobernador, regaña como gobernador y hasta manda encarcelar gente como gobernador, sin serlo y sin tener mandato constitucional alguno para hacerlo.

Todo ello, además, con las formas y modos del Inspector Calzonzin (vocablo purépecha que significa emperador), inmortalizado por Rius en la serie Los Supermachos y en la famosa película de Alfonso Arau del mismo nombre.

Por ejemplo, es conocido que el gobernador sustituto Salvador Jara Guerrero fue presentado por el comisionado a un grupo de diputados locales como la propuesta del Ejecutivo federal para suplir a Fausto Vallejo. Posteriormente, el día de su toma de posesión lo acompañó a las reuniones con legisladores, lo llevó en su camioneta a la sede de la ceremonia de cambio de poderes y hasta lo condujo al estrado principal del Congreso. Antes, en enero de este año, el comisionado había colocado a colaboradores suyos que venían del Estado de México y de la Profeco en posiciones clave como la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán (Carlos Hugo Castellanos) y en la Procuraduría de Justicia del estado (José Martín Godoy).

Los casos de los tres comisionados regionales de seguridad en Tamaulipas han sido menos intrusivos y evidentes (tres generales de carrera, responsables de la seguridad en las zonas norte, centro y sur del estado), pero igualmente sintomáticos del camino que está siguiendo la actual administración central para neutralizar o desplazar a los mandatarios que considera disfuncionales en términos políticos.

Desde su nacimiento, Michoacán ha demostrado una clara vocación federalista: desde las diputaciones provinciales en 1821 hasta la expedición del Acta Constitutiva de la Federación Mexicana en 1824. Después de un breve litigio mediante el cual parte del actual territorio michoacano pretendía ser incorporado al Estado de México, la Ley Territorial de 1825 definió su actual delimitación geográfica, reconociéndole “4 departamentos y 22 partidos”.

En 1861, el congreso local de Michoacán adicionó a su nomenclatura el nombre “de Ocampo”, en honor a quien había sido un notable defensor del federalismo e ideólogo de la Reforma, originario de Maravatío, dos veces gobernador de la entidad, asesinado ese mismo año por un grupo de fanáticos centralistas: José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad, mejor conocido como Melchor Ocampo.

Los revolucionarios y constitucionalistas michoacanos del periodo 1910-1917 y la gran emergencia del cardenismo como movimiento social nacional, refrendarían la vocación federalista del estado.

Por ello, este experimento de comisionados al estilo Calzonzin, donde se confunde a entidades federativas con el pueblo de San Garabato, además de una clara inclinación centralista autoritaria, no augura buenas tiempos a la Res pública de México.

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