"Lapsus pristinus"

Quiero ser presidente del PRI…, porque PAN y PRI estamos hechos de la misma sustancia activa, pero nos exhibimos en presentación diferente.

Los niños y los lapsus siempre dicen la verdad. Por ello, después de someter el mensaje de Ernesto Cordero, candidato a la dirigencia del PAN, al ojo clínico de tres connotadas escuelas analíticas de los actos fallidos (Freud-Lacan-Foucault) se llegó a la conclusión de que el verdadero discurso que el inconsciente del candidato escribió la madrugada de ese día, pero por razones políticamente correctas no pronunció en público y solo dejó entrever una frase, fue el siguiente:

“Quiero ser presidente del PRI…, porque PAN y PRI somos partidos genéricos intercambiables. Estamos hechos de la misma sustancia activa, pero en presentación diferente.

“Quiero ser presidente del PRI…, porque gracias a nosotros este partido regresó a Los Pinos. Tiene una deuda política con el PAN. Le dimos todo lo que pidió: impunidad, presupuesto para sus estados y municipios, reformas a medias, excedentes petroleros, sindicatos intocables, entre otros privilegios. Es hora de cobrarle la factura, haciéndome su dirigente nacional.

“Pero también quiero ser presidente del PRI…, porque ha sido un aliado desleal y ya estoy harto de que se robe nuestras banderas. Gracias a los votos de nuestros diputados y senadores, el gobierno y su partido aprobaron nuestras reformas más queridas, más sentidas, más históricas, pero el crédito y el usufructo político están siendo para ellos. La reforma laboral, la nueva ley de amparo, la electoral y, sobre todo, la energética, son todas nuestras, pero ellos nos las han pirateado. Así nos pasó con el salinismo, hace 20 años, y así nos está pasando ahora con en el peñismo. ¡Oh, qué horror de error! Por eso quiero dirigirlo ahora, para corregir la falla histórica de haberlo dejado llegar tan lejos.

“Quiero ser presidente del PRI…, porque entre el odio y el amor solo hay un lapsus pristinus. Seamos sinceros compañeros. Hagamos un mea culpa: todos los panistas traemos un priista en la cabeza. Ya ven a Antonio Gali, en Puebla, confundió también al PAN con el PRI. Lo odiamos porque lo admiramos. Lo denunciamos porque lo envidiamos. Lo aborrecemos porque queremos ser como el PRI, el otro PRI, el nuevo PRI”.

En ese momento, los panistas históricos presentes en la reunión de Mérida ya estaban francamente desconcertados y ante la rechifla de lo que consideraron un “error” garrafal de su candidato, éste corrigió de inmediato.

“No se me enojen compañeros de sector y de partido. Quiero ser presidente del PRI…., porque en realidad quiero destruirlo. Soy el Cordero de Troya. Durante el sexenio pasado, acreditamos de sobra nuestra capacidad para destruir todo lo que tocábamos: la seguridad, la procuración de justicia, el empleo formal, el presupuesto, Pemex, la educación pública y los comicios de 2006. Acabamos hasta con el propio PAN; lo enviamos al tercer lugar en las elecciones presidenciales de 2012.

“Quiero ser presidente del PRI…, porque el nuevo PAN ya tiene dirigente nacional y nos está comiendo el mandado: se llama César Camacho Quiroz. Él está logrando todo lo que siempre quisimos hacer en 12 años y no pudimos: un partido incondicional al servicio del presidente; una oficina de gestoría legislativa de la Presidencia de la República; y un eficaz desmontador de los “mitos nacionalistas revolucionarios” que siempre combatimos culturalmente pero nunca derribamos legislativamente como “independencia energética”, “soberanía alimentaria”, “sindicalismo democrático”, “rectoría económica del Estado” y la “no reelección”.

“Quiero ser presidente del PRI…,  porque necesitamos diferenciarnos del panismo actual en materia de corrupción: dejar atrás los moches al presupuesto federal y reducirlos a puras mordidas o joint ventures entre particulares; no más oceanogates y en todo caso solo uno que otro pemexgates; no más padrones panistas inflados con beneficiarios de los programas sociales y, a lo sumo, padrones rasurados para una ‘consulta a la base’ estilo PRI de los 80: una elección controlada entre amigos, admiradores y seguidores; una simulación de elección de dirigentes.

“Por último amigos, quiero ser presidente del PRI…, para adherirlo al PAN, y juntos dejarle a los mexicanos un partido que dure cien años; más fuerte que el PRI del siglo pasado y más consistente que el PAN de ahora, el prístino Prian”.

Y en eso sonó el despertador.

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