Espionaje expiado

Mientras Washington nos espía, nosotros lo expiamos, lo perdonamos, lo minimizamos y hasta lo justificamos.

Las revelaciones sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) al entonces candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, y las que ahora conocemos sobre las intercepciones de los correos de Felipe Calderón y de otros miembros de su gabinete desde el año 2010 (ambas informaciones con base en los archivos del ex contratista de esa agencia Edward Snowden) han merecido por parte del gobierno mexicano una respuesta tímida, timorata y sumisa.

La nota diplomática de la SRE sobre las revelaciones publicadas el pasado domingo por el semanario alemán Der Spiegel es eso: una respuesta de machote, de cajón, burocrática, apegada al protocolo de “no hagas olas y sal rápido del agua”.

Buena parte de la actitud expiatoria del gobierno mexicano procede del llamado síndrome colonizador de Lansing, en alusión a Robert Lansing, ex secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson: “México es un país extraordinariamente fácil de dominar, porque basta con controlar a un solo hombre: el Presidente de la República… Debemos abrirle a los jóvenes ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, según nuestros valores y en el respeto y admiración del liderazgo de los Estados Unidos… Con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la Presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un solo tiro, harán lo que nosotros queramos” (carta de Lansing al editor Hearst, 1924).

Desde esta perspectiva colonizadora, si los presidentes mexicanos son espiados por los Estados Unidos, de ninguna manera debe considerarse como una ilegalidad, arbitrariedad o agravio. Al contrario, debe verse con un timbre de orgullo, honor y distinción. “¡Obama me espía, guauuu, qué importante soy!”. En cambio, si el espionaje viniera de la Rusia de Putin, de la Alemania de Merkel o de la Cuba castrista, allí sí habría ilegalidad, agravio y hasta un amago de ruptura diplomática. Es parte del chip cultural colonizador.

Sin embargo, el espionaje denunciado va más allá de los presidentes mexicanos en turno y de sus respectivos colaboradores para alertarnos de una práctica masiva, generalizada e indiscriminada que lo mismo afecta a la Presidencia de México que a las empresas corporativas mexicanas, a miembros del gabinete que a medios de comunicación o centros académicos, a gobiernos locales que a las fuerzas de seguridad nacionales, a políticos encumbrados que a los ciudadanos de la calle; en suma a todo aquel que utilice un teléfono celular, un correo electrónico o un chat de comunicación privada.

Hablamos de que el objetivo de este espionaje transfronterizo o universo espiable son 70 millones de mexicanos usuarios de teléfonos celulares y 45 millones de cibernautas y usuarios de redes sociales, no un presidente o un gabinete compacto, que por lo demás nada tienen que ocultar a Washington, ya que todas las acciones importantes de los gobiernos mexicanos, desde la época de Gustavo Díaz Ordaz por lo menos, son informadas anticipada y voluntariamente al vecino país y a su embajador en México “para su superior conocimiento”.

Hablamos también de que el objetivo de este espionaje no es única y exclusivamente investigar posibles actividades terroristas encubiertas, sino cada vez es más claro que monitorean actividades y decisiones estratégicas en materia energética, de seguridad nacional, de telecomunicaciones, del manejo de recursos naturales como el agua y de inversiones industriales, bancarias y comerciales.

Es importante que las actuales autoridades mexicanas se sobrepongan por unos instantes al síndrome colonizador de Lansing, procesen el tema de la violación extranacional a la privacidad de las comunicaciones de millones de mexicanos con el chip de la democracia y no del presidencialismo sumiso, y dejen de expiar lo inexpiable, que es el espionaje masivo, sistemático e indiscriminado a millones de ciudadanos mexicanos. Que no piensen solo en su jefe, sino en los millones de mexicanos afectados.

Twitter.@ricardomonreala