Dante o la perseverancia

Se aproxima una elección inédita. No pinta nada bien para la partidocracia, con una buena parte del electorado gritando “Fuera Peña!... Y fuera todos!

Los nombres propios dan identidad a las personas. Pero hay algunos en especial que reflejan la esencia de quien lo lleva. Dante, que en latín significa “el de carácter firme”, es uno de ellos.

Una anécdota proyecta a Dante Delgado Rannauro de cuerpo entero.

Recluido y secuestrado en la cárcel de Pacho Viejo, Veracruz, en 1995, recibía con frecuencia la visita de simpatizantes y seguidores. Había sido acusado por delitos inexistentes cuando fungió como gobernador interino de esta entidad (1988-1992). El “delito” real había consistido en una diferencia de fondo con el presidente Ernesto Zedillo por el tratamiento político y social de la insurgencia zapatista (Dante fue el primer coordinador de la Comisión para el Bienestar Social y Desarrollo Económico Sustentable del Estado de Chiapas).

Después de ese diferendo, el también ex procurador agrario, embajador en Italia y representante de México en la FAO, anunció su separación del PRI y la creación de un nuevo partido, “Convergencia por la Democracia”, lo que motivó la reacción airada de Los Pinos y la aplicación del clásico recurso de sanción a los disidentes políticos: encierro, destierro o entierro.

Quienes recuerdan al que también había sido diputado federal, presidente estatal del PRI, subsecretario y secretario general de Gobierno de Veracruz, así como secretario de organización en la campaña de Ernesto Zedillo, narran la escena: recibía a sus visitas de pie, con el uniforme caqui de rigor, pulcramente aseado y de excelente humor. Reja de por medio, Dante les preguntaba: “Muchachos, gracias por visitarme, ¿en qué puedo ayudarles?”. “Al contrario, gobernador, venimos a preguntarle qué necesita y en que podemos ayudarlo”. “Ahora que salga, les digo; pronto nos veremos de nuevo”. La transformación dantesca del infierno en paraíso fue la prueba de carácter impuesta a Dante el de la Divina comedia, y a Dante el veracruzano.

Ya en libertad se dedicó de tiempo completo a construir “Convergencia”, obteniendo su registro en 1999 y presidiendo el naciente partido hasta 2002.

Despuntaba en Europa la “tercera vía”, que buscaba un camino intermedio entre la doctrina socialista radical y el neoliberalismo económico. Convergencia se planteó ser promotor en México de la “Socialdemocracia Renovada”.

Nos tratamos durante las dos campañas presidenciales de AMLO. Organizado, disciplinado y buen estratega. En ocasiones coincidíamos con su esposa Tere Morales y sus hijos Alfonso y Luis. “Quiero que observen, no que sean políticos”, decía con gracia.

En la actual Legislatura, la fracción de MC se integró con 20 diputados. Una de las más numerosas en su historia. Dante me propuso para coordinarla y los legisladores aceptaron. Siempre respetó la autonomía, la independencia y las decisiones de la fracción, aun en medio de las presiones más fuertes, cuando oponerse al Pacto por México parecía estar fuera de foco.

Convergencia ha aportado a la izquierda mexicana dos elementos: el valor agregado de las alianzas políticas y el posicionamiento del “ciudadano” como actor político central, no únicamente la “clase social”.

De la mano de Dante, Convergencia transformado en Movimiento Ciudadano, es hoy un telar de alianzas políticas y sociales desde el centro izquierda. Así ha logrado gobernar municipios importantes como Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta y Oaxaca, entre otros.

Así también se ha mantenido en Veracruz (Dante levantó más de un millón de votos en 2006 en la entidad que gobernó, convirtiéndose en el primer senador de mayoría de Convergencia), se ha desarrollado en Guerrero y en Oaxaca, y se ha logrado insertar en Jalisco. La fórmula es sumar liderazgos locales para construir una opción política nacional.

Se aproxima una elección inédita, la intermedia de 2015. No pinta nada bien para la partidocracia en su conjunto, con una buena parte del electorado gritando “Fuera Peña!... Y fuera todos!”. Con una crisis de confianza hacia las instituciones políticas sin precedente, y una crisis económica de pronóstico reservado.

Es la oportunidad para los partidos emergentes, donde MC, hilando alianzas locales y hablando a la ciudadanía independiente, podrá exclamar como aquel Dante, el florentino, cuando ingresó por fin al paraíso: “Sé firme como una torre, cuya cúspide no se doblega jamás al embate de los tiempos”. Ya lo veremos.

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