Antilogia

El Trump que necesita México

El próximo 20 de enero, cuando Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, México tendrá un vecino distante y amenazante.

En este nuevo contexto, nuestro país tendrá que elegir claramente entre dos opciones: iniciar una ruta propia para alcanzar realmente su independencia económica y financiera o continuar el camino de la globalización subordinada y excluyente que lo tiene al borde de una crisis sistémica sin precedente.

La extrema vulnerabilidad en la que se encuentra el país no es culpa de Donald Trump ni del Partido Republicano ni de los gobiernos estadunidenses que le antecedieron.

La responsabilidad es del modelo de desarrollo y de la política económica que terminó convirtiendo a México en el estado 51 de la unión americana; es decir, la integración pasiva, unilateral y asimétrica que implicó sacrificar el mercado interno, la industria, el campo y hasta la cultura nacional. Fue el modelo que impulsaron por igual el PRI y el PAN en el último cuarto de siglo, generando desigualdad extrema y donde la globalización devino en neocolonialismo (México es de los países con más tratados comerciales en el mundo, pero 80% de su comercio depende de un solo país).

Si hoy somos presa fácil de las amenazas del exterior y de tuits de 140 caracteres que le cuestan al país hasta 2 mil millones de dólares de sus reservas, es porque nuestro sistema inmunológico, es decir, nuestra vida pública y económica interna, está deteriorada y minada.

Al provocar la cancelación de inversiones estadunidenses y alejar las europeas y asiática, lo que está haciendo el señor Trump es destetar y cortar el cordón umbilical de México respecto de su nodriza o ama de crianza económica, el mercado estadunidense.

En este nuevo entorno, la verdadera oportunidad para fortalecernos como país no vendrá de continuar con las llamadas reformas estructurales y la política económica que nos debilitaron, sino emprender una política de independencia económica, financiera, comercial, tecnológica y energética.

Por más paradójico y contradictorio que parezca, para impulsar ese cambio profundo necesitamos un Trump a la mexicana. No el bully, el misógino, el antiinmigrante, el oligarca y el antimexicano. Ese no. El otro Trump: el que se atraviesa a medio mundo para generar empleos en su nación, el “antisistema” que juega y cambia las reglas del juego, que antepone lo local a lo global, que coloca las riendas del Estado a las del mercado y pone un freno de mano a las corporaciones extranjeras que amenazan a las corporaciones nacionales.

Necesitamos un presidente que defienda empleos, salarios remuneradores y crecimiento económico como prioridad de gobierno. Que impulse la industria, el campo y el comercio internos por encima de la competencia desleal externa. Que haga del ingreso de los trabajadores y sus familias el principal apoyo del mercado interno, no su principal escollo. Y que convierta la política fiscal en un detonador del desarrollo, no en una rueda de molino al cuello.

Pero no es suficiente. Para la era Trump, México necesita en el 2018 alguien mejor que Trump. Un presidente nacionalista, no xenófobo. Progresista, no proteccionista. Integrado a un mundo multipolar, no entregado a una sola potencia. Promotor de puentes, no de muros. Impulsor de un cambio verdadero. Que ame y unifique al país, y que entienda que la fortaleza interna es el mejor antídoto contra las amenazas externas.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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