Antilogia

La realidad cancela las reformas

No es motivo de alegría, pero sí de una alegoría: no por mucho reformar se amanece más cambiado.

Del conjunto de 11 reformas promovidas al amparo del Pacto por México, la educativa fue la de mayor consenso, aceptación y apoyo.

Abordaba uno de los nudos gordianos del atraso y la desigualdad del país, así como una de las demandas ciudadanas más sensibles y cercanas a las aspiraciones de la gente: la educación de calidad.

Sin embargo, desde el inicio la reforma educativa nació defectuosa. Se redujo a modificar la relación laboral entre el magisterio y su patrón, el gobierno, dejando de lado la reforma de los contenidos pedagógicos y la modernización de la infraestructura educativa.

El alma de esa exigua reforma educativa era la evaluación magisterial. El mérito, no la palanca o la recomendación, sería el motor del escalafón y la profesionalización magisterial.

Sin embargo, los maestros del corredor de la disidencia que inicia en el Valle de México, continúa en Michoacán, se enciende en Guerreo y Oaxaca, y se galvaniza en Chiapas, amenazaron con tomar sedes electorales, secuestrar funcionarios electorales y quemar papelería (lo que ayer ocurrió en Oaxaca), logrando lo que parecía imposible: la cancelación indefinida de la evaluación magisterial.

Para algunos, lo “indefinido” durará solo el tiempo de las elecciones y las vacaciones escolares del próximo verano; para los maestros disidentes, en cambio, “indefinido” significa derogación y cancelación definitiva de la reforma en su conjunto.

El anuncio de la cancelación indefinida equivale al formulado por Vicente Fox, cuando informó sobre la cancelación definitiva del nuevo aeropuerto internacional en Texcoco, dada la resistencia de los ejidatarios de Atenco que realizaron movilizaciones armados de machetes y enseres de labranza. Después de aquel anuncio, el gobierno de Fox se perdió en la nimiedad y en la mediocridad. La cancelación indefinida de la evaluación magisterial podría ser el Atencazo de la actual administración.

La reforma educativa entra en una etapa de punto muerto: no hay reforma que pueda imponerse a bayoneta calada, por más loables que sean sus fines; pero tampoco se puede mandar al diablo una medida de la cual depende la viabilidad del país en el futuro inmediato.

La reforma educativa —en concreto, la evaluación magisterial— deberá retomarse y rearmarse bajo otros parámetros y en otro momento. Que el actual gobierno tenga la iniciativa y capacidad para hacerlo, dependerá de cómo quede la próxima legislatura federal.

 Por lo pronto, al igual que un tablero de ajedrez, cuando el jugador va perdiendo sus alfiles, caballos, y torres, la mesa reformista luce en este momento rendida, agotada, desolada.

La reforma energética fue abatida por la guerra de precios entre petroleros árabes y texanos, mientras que la Telecom, la bancaria, la política y la de transparencia están estancadas.

La única que ha funcionado es la fiscal, en términos de sus objetivos recaudatorios, pero es la que más está hundiendo al país, por los altos costos para el mercado interno y el empleo.

La realidad está terminando por cancelar las reformas. No es motivo de alegría, pero sí de una alegoría: no por mucho reformar se amanece más cambiado.

Al ser producto de acuerdos cupulares y de la partidocracia, estas reformas nacieron vacías de alma y legitimidad social. Esa es la verdadera causa por la que están siendo canceladas por la realidad.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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