Antilogia

¿La reforma con balas entra?

La reforma educativa ha quedado indeleblemente manchada de sangre, algo que ni siquiera aconteció en el porfiriato cuando Justo Sierra implantó el primer sistema de educación pública, por encima de los intereses y resistencias de la Iglesia y de los hacendados de la época.

En Nochixtlán, Oaxaca, la cerrazón, la soberbia y la represión costaron al menos seis víctimas fatales, 108 heridos y 21 detenidos. La negativa a instalar una mesa de diálogo para revisar los alcances de la reforma educativa con la CNTE y la detención de los principales dirigentes magisteriales tuvieron un desenlace fatal que no se veía desde los años 50 del siglo pasado, cuando el movimiento magisterial disidente de Othón Salazar fue reprimido junto con los trabajadores petroleros y ferrocarrileros de la época.

De todas las reformas educativas impulsadas en el país en el último siglo, esta es la primera que busca imponerse a sangre y fuego, con lo cual denota que su verdadero objetivo no es impulsar un proyecto educativo o civilizatorio, sino imponer un esquema de dominación política y laboral a los maestros.

Nadie cuestiona que el país está urgido de una educación de calidad, siendo uno de los principales cuellos de botella de nuestro desarrollo y una de las raíces de nuestras desigualdades ancestrales. Pero también es claro que ninguna reforma educativa puede legitimarse y sostenerse con gases lacrimógenos, toletes y bayonetas caladas.

Si la letra con sangre no entra, la reforma con balas jamás será legitimada.

Lo peor de todo es que la disidencia magisterial no es el único fierro en la lumbre de nuestra agitada vida pública contemporánea.

A su derecha, el gobierno enfrenta la embestida de los grupos empresariales, a cuya demanda histórica por modificar la política fiscal añadieron ahora el fallido Sistema Nacional Anticorrupción, donde la ley 3 de 3 terminó siendo obligatoria para los particulares y optativa para los funcionarios.

A su vez, la jerarquía católica se rebela contra el gobierno por la iniciativa del matrimonio igualitario, al considerarla una "ley destructora de la célula básica de la sociedad, la familia".

Un tercer frente abierto se ubica en el exterior. La imagen actual del gobierno no pasa por su mejor momento en el ámbito internacional. Con independencia de quien resulte ganador(a) en la elección presidencial de noviembre próximo en -Estados Unidos, el gobierno mexicano se verá sometido a una presión externa para sancionar y castigar la corrupción, así como mejorar la protección de los derechos humanos en su estrategia de seguridad pública. Probablemente Clinton sería más amigable que Trump, pero ambos tienen un banquillo de los acusados reservado al gobierno mexicano.

De todos estos frentes, el del magisterio disidente es el más riesgoso. Atrás se ubican movimientos de resistencia social, demandantes de tierra y hasta agrupaciones guerrilleras. Es una disidencia que se desarrolla de manera soterrada en las calles y plazas públicas del sureste del país y en Ciudad de México, donde se ha tomado la decisión de enfrentarla con la fuerza policiaca y la represión.

Mientras se deslindan las responsabilidades correspondientes, Nochixtlán se suma a lista de Ayotzinapa, Tlatlaya, Iguala, Apatzingán, Tanhuato, Ostula y Calera, donde el abuso de la fuerza de Estado y la violación de derechos humanos es la constante. El "México bronco" podría estar despertando de manera temeraria.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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