Antilogia

Una madrugada con Fidel

Fue el sábado 10 de febrero de 2001. Hace casi 16 años. Una delegación de universitarios, legisladores, funcionarios y productores zacatecanos atendíamos una invitación del gobierno de Fidel Castro para visitar la isla. Estaba prevista, pero no confirmada, una cena con el entonces presidente y comandante supremo de las fuerzas armadas de Cuba. Finalmente, al mediodía del viernes se confirmaba el encuentro. Sería una cena a las 9 de la noche en el Palacio de la Revolución.

Al gobierno cubano le interesaba comprar varios productos agrícolas de Zacatecas, especialmente el frijol negro, “de lo mejor en América”. El frijol negro y el arroz blanco es un platillo básico en la dieta de las y los cubanos. “Moros y cristianos” es un clásico de la gastronomía de la isla. Si se le acompaña con plátano frito macho, queso fresco, crema y un trago de ron, es un manjar propicio para abrir paso a cualquier plato fuerte de la basta cocina caribeña.

“No le vendas, porque no paga” era la conseja económica. Finalmente los cubanos compraron 10 mil toneladas a la Integradora Estatal de Frijol, mediante un crédito a seis meses, mismo que saldaron en tiempo y forma.

Era un conversador formidable. Tenía aprecio y cariño por México. Y estaba al día de los acontecimientos en nuestro país. Nos platicó de su estancia de 16 meses en Ciudad de México, de su encuentro con el médico Ernesto Che Guevara, en un departamento de la calle José Emparán número 49, en la colonia Tabacalera, en la delegación Cuauhtémoc, de su captura por parte de Fernando Gutiérrez Barrios, de su posterior liberación y de cómo zarparon del puerto de Tuxpan, Veracruz, el 25 de noviembre de 1956, en medio de una fría lluvia, hacia Cuba en el barco Granma, para iniciar una de las últimas leyendas revolucionarias del siglo XX.

Le pregunté que cómo se sentía en el nuevo entorno de la alternancia mexicana (tenía 15 meses el gobierno de Vicente Fox) y me respondió entre serio y broma: “Con el PRI en la Presidencia solo tenías que hablar con una persona, hoy hay que hacerlo con 500”.

Sobre la creciente integración comercial con Estados Unidos, Castro comentó que “es la causa por la que México ha perdido liderazgo en América Latina, cambió el papel de hermano mayor por el de socio menor de Estados Unidos y ojalá no termine siendo la estrella 51 de la bandera norteamericana”.

La cena terminó a las 6 de la mañana. Nadie se veía cansado o agotado. Seguramente era el efecto de conversar con una leyenda viviente.

Aún no se vislumbraba aquella combinación de circunstancias que presuntamente tendrían que darse para que Estados Unidos y Cuba se sentaran a dialogar y empezar a levantarse el embargo económico: un presidente de color en EU y un papa latinoamericano en el Vaticano. Cuando al fin estas dos coyunturas se presentaron, Fidel ya había iniciado la transición del régimen que construyó y dirigió por más de 50 años.

¿Revolucionario o tirano? ¿Absuelto o condenado por la historia? Como toda figura histórica, Fidel dividió opiniones en vida y lo sigue haciendo después de muerto. Para mí es un hombre que supo estar a la altura de su tiempo. Aunque los tiempos actuales son ya muy diferentes a los que dieron paso a la leyenda de aquel hombre que un día, enfundado en un uniforme verde olivo, una barba en el rostro, una escuadra fajada al cinto, un puro en la mano y un puñado de 22 hombres, logró derribar a toda una dictadura y con ello pasó a la historia.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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