Antilogía

La fetichización del "spot"

¿Son los spots la causa de que AMLO lidere las preferencias electorales presidenciales? Sin esas breves apariciones, ¿AMLO estaría olvidado y arrumbado en el imaginario colectivo? Si se le prohíben esos destellos furtivos de 30 segundos, ¿dejaría de puntear en las encuestas?

Hay una fetichización del spot que le atribuye efectos mágicos, superpoderosos y hasta eróticos (cualidades del fetiche, según la RAE), a lo que solo es un medio o instrumento de expresión.

El fetiche, sin embargo, empieza a ser desmontado. Hay una generación de políticos que poco o nada le deben a los spots, porque, a su vez, hay una generación de ciudadanos que poco o nada confían en los spots como medio para obtener información válida y objetiva al momento de tomar una decisión.

El argentino Mauricio Macri, en su primera incursión política en 2007, se hizo del gobierno municipal de Buenos Aires sin recurrir a un solo spot, con tan solo una campaña a ras de tierra. Ahora es el presidente de Argentina. El canadiense Justin Trudeau, en octubre pasado, se convirtió en primer ministro con el menor número de spots del Partido Liberal y de la contienda.

En México, los cinco candidatos independientes que en junio pasado obtuvieron diputaciones federales, locales y una alcaldía, no tuvieron acceso a un solo spot en sus respectivas campañas y de todas formas ganaron. Desplegaron, eso sí, una novedosa e innovadora campaña en redes sociales.

Jaime Rodríguez, El Bronco, tuvo su primer spot semanas antes de la elección, cuando ya punteaba en las preferencias electorales y sus mensajes ya habían capturado la atención de los cibernautas, que son la mayoría de los electores neoleoneses.

Los cinco candidatos a jefes delegacionales de Morena que ganamos la reciente elección, al igual que los candidatos a diputados federales y los asambleístas del DF por el mismo partido, obtuvimos esos cargos con cero spots de publicidad personal. Facebook, Twitter, Periscope, YouTube y Linkedin suplieron esa ausencia.

Por supuesto, tener una pauta de spots ayuda a cualquiera a sumergirse en una sociedad de masas. Pero no es lo determinante. Si los spots tuviesen el alcance mágico y poderoso que la fetichización les atribuye, el PRI estaría 10 veces arriba de Morena y cuatro arriba del PAN en las preferencias electorales rumbo a 2018, porque esa es la proporción con la que actualmente se distribuyen pautas y frecuencias de los partidos en tiempos oficiales.

El posicionamiento de AMLO está lejos de fincarse en los spots. Su liderazgo no descansa en la imagen electrónica, sino en la imagen social. Su palanca de apoyo no es el aire, sino la tierra. No está cultivado ni cautivado por la onda hertziana; al contrario, está curtido en terracería, pie a tierra.

¿Quién de los actuales dirigentes políticos puede decir que ha obtenido un mínimo de 15 millones de votos en dos elecciones, haber recorrido cuatro veces los 2 mil 400 municipios del país, padecer un golpeteo mediático de 10 años, fundar con éxito un partido político, ser identificado por 94 por ciento de los ciudadanos mexicanos, padecer un infarto al miocardio, y seguir recorriendo el país? Nadie. Y nada de esto se debe a los promocionales de 30 segundos.

Con spots o sin spots, AMLO es el líder de la plaza pública. Esto despierta envidia y miedo. Dos de los instintos más perniciosos de la política. Por eso lo quieren desaforar por segunda ocasión. Ayer para quitarle el fuero, hoy para arrebatarle el foro.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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