Antilogia

Gracias señor Trump

Gracias por someter a México a la mayor prueba externa de estrés, terror y miedo que se haya vivido desde el siglo XIX, evidenciando de qué están hechos los dirigentes políticos y económicos del país, y de qué material la sociedad civil.

Ahora sabemos quiénes son dirigentes de hojalata, latón o cartón y quiénes de acero templado. También nos ha quedado claro que la mayor fortaleza del país está en la sociedad civil, en los gobernados, no en la sociedad política ni en sus gobernantes.

Gracias por revivir en México una serie de valores colectivos que parecían perdidos como el nacionalismo, la soberanía y la unidad nacional.

Gracias por evidenciar que el modelo económico al que apostaron las élites mexicanas en los últimos 30 años resultó tan “sólido” que no aguanta ni un tuitazo mañero desde Washington.

Gracias por echar de su zona de confort a una oligarquía económica y política tercermundista, que ahora está pasmada y paralizada porque el paraíso neocolonial que la prohijó se trastocó de la noche a la mañana.

Gracias por denunciar una y otra vez que la principal ventaja competitiva del modelo mexicano es cruel, inhumana y una forma aberrante de esclavitud moderna: la diferencia abismal entre el sueldo de un trabajador mexicano de la industria automotriz (8.24 dólares por hora) frente al ingreso de su homólogo en Estados Unidos (46.35 dólares por hora), por el mismo trabajo y una mejor aptitud.

Gracias por recordarnos —así sea de la peor manera— que el único american way of life al que se puede aspirar es el mexican way of country que podamos construir en México, por y para los mexicanos.

Gracias también por exhibir la colonización intelectual, política y moral de la generación Lansing de políticos del PRI y del PAN que al estar acostumbrados a ponerse de tapete ante los poderosos, han resultado pisoteados, desgastados y desechados por su servilismo congénito.

Gracias por interrumpir, así sea de manera abrupta, el proceso de configuración del estado 51 de la Unión Americana (un proceso de integración pasivo y subordinado) y recordarnos que los mejores momentos de prosperidad y progreso de México han sido cuando gobierno, empresarios y sociedad deciden impulsar un mercado interno fuerte, una soberanía alimentaria y una autosuficiencia energética.

Gracias porque el muro que va a construir no separa a México de Estados Unidos, sino a Estados Unidos del resto del mundo, como los acabamos de ver el fin de semana, ante las reacciones internacionales por el veto migratorio a los musulmanes.

México cuenta con una red de 12 tratados de libre comercio con 45 países (TLC), 31 acuerdos para la promoción y protección recíproca de las inversiones (Appri) y nueve acuerdos de complementación económica en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), que lo hacen más global, capaz y dispuesto a tender puentes hacia el mundo, que construir muros hacia adentro.

El nacionalismo mexicano no es de ombligo cerrado, sino de corazón abierto.

El sentido de nuestra independencia no es el ensimismamiento patriotero y semifeudal, sino la diversificación universal de nuestros lazos.

En fin, gracias Mister Trump por pellizcar los genes más sensibles de la raza cósmica, mestiza o de bronce (José Vasconcelos dixit), síntesis de las cuatro razas originarias o puras del planeta (entre ellas, la blanca), destinada a crear una civilización moral y culturalmente superior en Mesoamérica y no a ser avasallada, sojuzgada ni amedrentada por ninguna otra de la especie humana.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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