Antilogia

El día del trabajo indigno

A tres años de haberse aprobado la reforma laboral que traería “miles de empleos bien pagados al año”, resultó exactamente lo contrario.

Hace tiempo que el 1 de mayo dejó de ser el “día del trabajo”, a secas. Hoy debemos poner algún adjetivo al tipo de trabajo que tiene la mayoría de la población mexicana.

Por ejemplo, es el día del “sin trabajo”, para 2.7 millones de mexicanos que todos los días buscan un empleo sin encontrarlo. O el día del “trabajo informal”, para 13.7 millones de mexicanas y mexicanos que trabajan sin prestación ni seguridad social alguna. O el día del “trabajo precario” para 30 millones de hombres y mujeres que ganan menos de 5 salarios mínimos. O el día del “trabajo indigno” para las mujeres que ganan hasta 20% menos que los hombres por desempeñar trabajo igual. O el “día del trabajo esclavo” para los 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes entre los 5 y 17 años de edad (13% de la población total infantil del país), que no estudian porque deben trabajar por menos del salario mínimo para ayudar al sostenimiento de su familia.

A tres años de haberse aprobado la reforma laboral que traería “miles de empleos bien pagados al año”, resultó exactamente lo contrario. Ha promovido menos empleos que los años anteriores, y los nuevos que se han generado son de baja calidad y, por lo tanto, de baja remuneración.

Así lo revela la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) que dio a conocer el Inegi el pasado fin de semana, donde se revela que en los primeros dos años del actual gobierno se crearon un millón de nuevas plazas laborales (500 mil por año en promedio, la mitad de lo prometido en campaña), pero con la salvedad de que son empleos mal pagados y de mínima o nula seguridad social, porque seis de cada 10 nuevos trabajadores ganan hasta tres veces el salario mínimo, es decir, 202 pesos diarios. El 60% de los trabajadores del país se encuentra en esta situación.

Pero la reforma laboral no solo resultó lesiva para los trabajadores de menores ingresos. Los empleos mejor pagados también han descendido, por el enorme ejército industrial de reserva (es decir, por el gran número de desempleados de mano de obra calificada y no calificada que existe en el país).

De acuerdo con el INEGI, las y los mexicanos con ingresos superiores a 5 salarios mínimos (336.45 diarios o 10 mil 93 pesos al mes) se redujeron como grupo al pasar de 3 millones 971 mil personas en 2012, a 3 millones 276 mil en 2014.

Sin embargo, un reporte reciente del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ubica la contracción de este sector laboral en una cifra mayor: un millón 64 mil 515 puestos donde se ganaba más de tres salarios mínimos se han perdido.

Esto pega directamente a los profesionistas y a los mexicanos más preparados. Tener una licenciatura o un posgrado ya no es garantía de encontrar un empleo bien remunerado. Cuatro de cada diez desempleados en el país cuentan con estudios de nivel medio superior o superior. Hablamos de casi un millón de mexicanos y mexicanas con instrucción académica, la mayoría de ellos son jóvenes.

Si queremos encontrar una de las causas de la creciente desigualdad en el país, de la pésima distribución del ingreso entre las personas y las familias, así como de la lenta o casi nula reactivación de nuestra economía y del mercado interno, no hay que ir muy lejos. La causa se llama “trabajo precario” en México. Algo que no es motivo para celebrar el 1 de mayo, sino para revisar, modificar y revertir, antes de que sea demasiado tarde en términos económicos y sociales.

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