Antilogia

La degradación del poder

El poder se está degradando. No en el sentido ético del término (la corrupción sería el efecto no la causa de este fenómeno), sino en el sentido de perder grados de cohesión, coerción y conducción, frente a una serie de micropoderes que desafían, paralizan y desestabilizan al Estado, tal como lo conocemos en nuestros días: una estructura burocrática piramidal que organiza y domina a la sociedad.

Es la tesis de Moisés Naím en El fin del poder (Debate, 2014) o cómo el poder ya no es lo que era. "El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder".

Para decirlo de manera gráfica, el poder político y económico está dejando de ser una pirámide de roca volcánica inamovible para convertirse en una extensa red neuronal horizontal que cambia a la velocidad de las innovaciones tecnológicas y científicas de la información.

En un enfoque que actualiza la visión de futurólogos del siglo pasado como los esposos Toffler (La tercera ola y El shock del futuro), Naím señala tres "revoluciones" como los motores de la degradación del poder: la revolución del "más" (más población, más bienes y servicios, más clases medias, más innovaciones, etcétera), la revolución de la "movilidad" o el fin del público cautivo y la revolución de la "mentalidad" o el conflicto creciente entre las aspiraciones y expectativas de la gente y la capacidad de los gobiernos para garantizar esos satisfactores a través de mayores oportunidades y mejores servicios.

Esta degradación del poder a escala global, si bien genera espacios para nuevas expresiones de la democracia liberal, también genera riesgos, "que merman el bienestar social y la calidad de vida". Estos son la parálisis política (la vetocracia de los micropoderes), el desorden, la pérdida de talento y conocimiento, la banalización de los movimientos sociales y la alienación o ruptura de lazos sociales entre un individuo y la comunidad.

Traducir El fin del poder a la realidad mexicana es encontrar un filón de explicaciones a los cambios que estamos viviendo, algunos como oportunidad, pero otros como riesgos.

Por ejemplo, ¿por qué nuestra transición democrática se quedó a nivel de la alternancia partidista y no se tradujo en bienestar social y económico para la mayoría de la población? Por la irrupción de micropoderes o poderes fácticos que desde la política y la economía vetaron y paralizaron a los gobiernos nacionales para no perder sus privilegios.

¿Por qué el Pacto por México terminó siendo percibido como un Pacto contra México? Porque su visión, diseño y operación se hizo desde la partidocracia, y no desde la democracia participativa, marginando a una ciudadanía cada vez más demandante de oportunidades y servicios.

¿Por qué llevamos 18 años de gobiernos divididos y los presidentes en turno lucen cada más disfuncionales y avasallados por los problemas? Porque desde la punta del poder político y económico no se han percatado de la degradación del poder vertical y su reemplazo por una red horizontal de demandas, aspiraciones y movilizaciones ciudadanas que simplemente no caben a través del estrecho embudo del poder tradicional, ese que ya no es lo que un día fue.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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