Antilogia

Si anulas, te anulas

Las reglas del actual juego electoral están hechas para desechar, desconocer y esterilizar al sistema de cualquier voto antisistema: desde el abstencionismo hasta el voto nulo.

El voto de protesta y descontento contra la situación actual del país (le llamaremos convencionalmente voto  antisistema) ha tomado caminos y expresiones diversas.

La primera y más universalmente conocida es el abstencionismo electoral. En las últimas dos elecciones intermedias, el abstencionismo promedió 63%, no obstante el mayor número de partidos, de recursos presupuestales y de órganos electorales.

Aunque algunos interpretan este fenómeno como un voto favorable al status quo, la mayoría de los estudiosos consideran la abstinencia electoral como un síntoma de agotamiento de la democracia representativa clásica.

Hace seis años se promovió una expresión más activa de voto antisistema, el voto en blanco computable. A diferencia del abstencionismo, es un voto de protesta activo y pide ser reconocido como tal, como acontece en otros países.

Para las elecciones del próximo 7 de junio existen al menos tres movimientos de voto antisistema activo.

El más radical es el que está promoviendo la disidencia magisterial en Guerrero y Oaxaca. Plantean evitar por la fuerza la realización de los comicios. “Políticos y criminales son lo mismo, causan el mismo daño, ¿para qué elegirlos?”.

El segundo movimiento no plantea acudir a la fuerza, sino un acto individual y consciente de boicot, dejando de asistir a las urnas. “Los políticos son una variante de la delincuencia organizada, así que es mejor darles la espalda”.

El tercer movimiento de voto antisistema plantea ir a las urnas, pero no para elegir, sino para anular el voto. Es la continuación del movimiento a favor del voto en blanco y nulo de 2009, y que logró levantar más votos que algunos partidos pequeños registrados.

¿Inciden estas expresiones de voto antisistema en el sistema electoral que buscan cambiar? Lamentablemente no.

Circula en las redes un video de 5 minutos, con el título “Voto nulo en México”, donde el profesor de derecho electoral, Roberto Duque Roquero, de la Facultad de Derecho de la UNAM, ilustra con escenarios y números los efectos de anular el voto.

Sirve para tres cosas: para fortalecer la partidocracia que se quiere combatir, para eliminar las opciones pequeñas y para anular al elector que lo emite. Las reglas del actual juego electoral están hechas para desechar, desconocer y esterilizar al sistema de cualquier voto antisistema: desde el abstencionismo hasta el voto nulo. Simple y sencillamente, el que anula se anula.

Mientras no se cambien las reglas que actualmente privilegian a los partidos como canales predominantes y preponderantes de expresión y participación electoral, cualquiera de las tres expresiones de voto antisistema que se promueven actualmente están llamadas a fortalecer lo que quieren cambiar.

Quedan dos expresiones de voto antisistema —dentro de las reglas del sistema electoral— que pudieran tener más efectividad que las anteriores. El voto de castigo y las candidaturas independientes.

El primero consiste en vetar la continuidad del partido en el gobierno que está haciendo mal las cosas (a escala municipal, estatal o federal, según el orden de gobierno en disputa). Los candidatos independientes, por su parte, son el inicio del quiebre del monopolio de la representación ejercido por la partidocracia.

Morena y El Bronco son dos ejemplos de esta expresión antisistema donde se utilizan las propias reglas del sistema para desafiarlo. Son dos ejemplos concretos de que se pueden impulsar más cambios votando, que anulando.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

http://twitter.com/ricardomonreala