Antilogia

El P(e)RD(er)ÁN

La y el dirigente del PRD y del PAN, Alejandra Barrales y Ricardo Anaya, acaban de anunciar la posibilidad de que ambos partidos se alíen en la elección presidencial. Sería la conformación del “P(e)RD(er)ÁN”; así puede verbalizarse la unión del PRD y el PAN.

Es el segundo frente anti-AMLO-Morena que promueven el PAN y el gobierno para cerrar el paso al aspirante más aventajado en las preferencias electorales, las cuales se potenciarán si gana la gubernatura del Estado de México.

El primer frente es el PRIAN. Es la alianza lógica y natural. Pero con el resultado adverso que se prevé en la elección mexiquense, tanto para el PRI (si pierde la elección casi en automático pierde la presidencial en el 2018) como para el PAN, que puede terminar en cuarto lugar. El prianismo o la alianza natural de la derecha no luce atractivo en este momento.

Por eso, el PAN promueve un frente o plato de segunda mesa con el PRD. De paso se proyecta como un partido bisagra que lo mismo puede aliarse al PRI que al PRD.

No se puede negar que hay antecedentes exitosos a nivel estatal de PRD-PAN: Nayarit (1999), Chiapas (2000), Sinaloa (2010), Puebla (2010), Oaxaca (2010), Durango (2016), Veracruz (2016) y Quintana Roo (2016).

“Sin embargo, estas alianzas son muy buenas ganar elecciones, pero muy malas para gobernar porque no logran distinguirse de sus antecesores priistas”, es el argumento más socorrido en contra.

Y es que más allá de la elección, a los gobiernos aliancistas les ha faltado transformarse en coaliciones gobernantes, bajo un programa de gobierno común, como sucede en los regímenes parlamentarios o semipresidencialistas.

De hecho, para 2018, la Constitución contempla por vez primera la posibilidad de un “gobierno de coalición” a nivel federal, pero es optativo, no vinculante, lo deja a la voluntad del próximo titular del Ejecutivo, con lo que se instaura un “parlamentarismo presidencialista voluntarista”, de realización incierta.

Si el anuncio de PAN-PRD se hubiese apoyado en esa posibilidad constitucional, se habría tomado más en serio su alianza. Pero todo quedó reducido a un deseo político de un sábado de contingencia ambiental, donde el monóxido de carbono en exceso oxida hasta las mentes y estrategias más brillantes.

De cualquier forma, de llegar a prosperar, el P(e)RD(er)ÁN iría contra la historia política democrática. Las alianzas de los extremos, como la concertación chilena de los años 90, se promueven para ir contra gobiernos que detentan el poder (regímenes militaristas y autoritarios), no contra otro dirigente o partido opositor.

El único precedente de una alianza de extremos para evitar el ascenso de un opositor se dio en Sudáfrica en 1994, cuando el partido de los blancos (Partido Conservador) y el partido amarillo (Inkatha) buscaron aliarse para evitar el ascenso de Nelson Mandela, con los resultados por todos conocidos.

Que el objetivo verdadero del P(e)RD(er)ÁN es cerrarle el paso a AMLO y a Morena más que al PRI lo revela el hecho de que decidieron NO aliarse en el Estado de México, donde gobierna el tricolor y es además el mayor laboratorio electoral del país, y en cambio sí piensan hacerlo en la presidencial, donde puntean AMLO y Morena.

PRIAN, P(e)RD(er)ÁN y segunda vuelta son las estrategias de la derecha mexicana para cerrarle el paso a AMLO. Sin embargo, más que sacar del juego a un competidor, lo que intentan es descarrilar el tren de la historia. Se olvidan de que ese tren es más peligroso fuera de las vías que sobre sus rieles.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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