Antilogia

Trump: otro motivo para votar AMLO

Era un grupo de 12 jóvenes, entre 19 y 29 años, sin partido todos ellos, pero interesados en la política y preocupados por las posturas del aspirante republicano Donald Trump. Cinco de ellos con familiares en Estados Unidos. Antes de despedirme les pregunté, frente al probable escenario de que Trump sea el próximo presidente de Estados Unidos y cumpla sus amenazas respecto a México (deportación inmediata de millones de mexicanos indocumentados, construcción del muro fronterizo más alto y largo en la historia moderna, derogación el TLC y acoso militar del vecino), quién creían ellos que pudiera ser el presidente de México que mejor atendiera esta amenaza. La respuesta fue AMLO 5, Osorio Chong 3, Margarita Zavala 2, ninguno o sin respuesta 2.

Sin lugar a dudas, el nivel de tensión que podría inyectar el gobierno de Trump a la relación México-Estados Unidos será un factor interviniente en la próxima elección presidencial.

Estados Unidos despierta un sentimiento ambivalente en el elector medio mexicano. Se le admira y reconoce su sistema económico, político y judicial (a tal grado que 45 por ciento de las y los mexicanos estarían dispuestos a mudar su residencia a Estados Unidos, según el Pew Center), pero también hay un deslinde y rechazo a cualquier tendencia expansionista, anexionista o injerencista.

Esto despierta una valoración mixta. Por un lado, la integración económica, comercial y financiera con Estados Unidos (del GATT al TLCAN) ha diluido sensiblemente el tradicional sentimiento antinorteamericano que caracterizó durante más de un siglo al nacionalismo mexicano. Por el otro, aún está viva y subyacente la percepción de que a Estados Unidos le interesa México, pero no los mexicanos; es decir, explotar económicamente el territorio, pero no compartir la riqueza generada. Este sentimiento soterrado se expresó claramente en el rechazo de la mayoría de los mexicanos a la reforma energética, por entreguista y privatizadora.

Un gobierno norteamericano que acose y aceche al país durante 2017 y 2018, pasando de socio pacífico a amenaza inminente, despertaría sin lugar a dudas el sentimiento antiyanqui hoy contenido y se convertiría en tema prioritario de la agenda electoral, tanto para los 75 millones de ciudadanos mexicanos de aquí como para los 34 millones de mexicanos que se encuentran en Estados Unidos (que no votan allá, per sí influyen acá).

Un candidato(a) presidencial débil, escurridizo y blandengue frente al acoso del vecino poderoso sería rápidamente desechado por el elector medio mexicano. Por otra parte, un candidato(a) bravucón, provocador o pendenciero, tampoco encontraría apoyo en ese elector de centro o independiente. El desafío será impulsar una defensa dura, pero no ruda; firme, pero no inflexible; auténtica, no impostada, del nacionalismo y la soberanía mexicanas, dos conceptos que volverían a adquirir sentido histórico.

Ni el PRI ni el PAN están preparados para una defensa de la nación mexicana de estas dimensiones. El primero arrastra el tendón de Aquiles de la corrupción. El segundo, su tradicional debilidad y pasividad frente a cualquier presión imperial. Solo un candidato fuerte de izquierda tendría la autoridad política, la razón histórica y el valor moral para plantarle cara a una amenaza como la que perfila el puntero republicano. En este sentido, Donald Trump será otro motivo poderoso para votar por AMLO en 2018.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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