Antilogía

“Es la desigualdad, estúpidos”

En 1975, los electores ingleses votaron de manera entusiasta en un referendo para integrarse a la Unión Europea (67% a favor). Gran Bretaña fue promotora de este primer gran bloque económico mundial, que traería bienestar y prosperidad a los ingleses y a los europeos.

41 años después, esa misma generación impulsó un segundo referendo, ahora para divorciarse de la UE. Pasaron de la flema globalizadora a la flama independentista.

La razón del cambio tiene su raíz en el "mal humor británico" que se respira desde hace una década: decepción, desilusión y castigo a un proyecto económico que les ofreció las perlas de la virgen y al final obtuvieron la sociedad más desigual que jamás hayan padecido desde la revolución industrial.

El año pasado Oxfam publicó el estudio "Historia de dos Gran Bretañas", donde expone el nivel de desigualdad alcanzado en la isla: "El Reino Unido se está convirtiendo en una nación profundamente dividida, con una élite rica que está viendo aumentados sus ingresos, mientras que millones de familias están luchando para llegar a fin de mes... El 10% del 1% más rico ha duplicado su proporción del ingreso desde 1993, o sea, en un período relativamente corto, lo cual dice que su ingreso ha estado aumentando de una manera brutal... Una de las cifras que tenemos es que desde 1993 este 10% del 1%, o sea 0.1% de la población británica ha aumentado sus ingresos en casi 24 mil libras cada año (US$39 mil 920) mientras que el 90% más pobre solo ha aumentado su ingreso en promedio 150 libras al año (US$249), lo que termina siendo unas pocas libras a la semana".

Una buena parte del libro de Thomas Piketty, El Capital en el Siglo XXI, se apoya en las estadísticas de la distribución regresiva del ingreso que experimentó Gran Bretaña en la era posThatcher o de integración a la UE, que apuntan a un crecimiento de la desigualdad económica y social en la era del libre comercio, las privatizaciones y los recortes al gasto social.

"La integración de la UE fue un buen negocio para unos cuantos europeos y un mal negocio para la mayoría de los ingleses", declaró en plena campaña a favor del brexit el líder del partido independentista inglés, Nigel Farage. Si a la desigualdad agregamos el temor a la inmigración masiva, el desempleo creciente y el miedo al terrorismo que perciben como amenazas reales el promedio de los británicos, tendremos el caldo social de cultivo que votó por la "independencia" de Gran Bretaña de la UE.

Desde la transición de la Comunidad Económica Europea a la UE en la pasada década de los 70, el principal indicador de éxito de este proyecto de integración regional fue el mejoramiento de la calidad de vida de los europeos.

Mucho se avanzó en términos de integración comercial, de libre tránsito de capitales y personas, de difusión de la democracia occidental y de formación de una ciudadanía global, con base en derechos humanos universales, de tercera generación. Pero se tropezó con la piedra de toque de la desigualdad y sus múltiples rostros: social, económica, laboral, educativa, de salud, urbano-rural, regional, de género y generacional.

El brexit puede contagiarse. En América se llama amexit, y lo promueven Donald Trump (republicano) y Bernie Sanders (demócrata). En Grecia, se le conoce como Syriza, el partido de Alexis Tsipras. En España, "los indignados" y su expresión política Podemos. En México, la traducción oficial es "mal humor social".

Parece ser que viene la era de los nacionalistas duros, con una bandera política muy ruda: "Es la desigualdad, estúpidos".

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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