Antilogia

Nepal, tan lejos y tan nuestro

Son más devastadoras la corrupción, la negligencia y la improvisación que mil sismos y sus réplicas.

Con un crecimiento anual de 6.5% y una de las densidades urbanas más altas del mundo, los 1.5 millones de habitantes del Valle de Katmandú (capital de Nepal), enfrentan un peligro, y cada vez mayor, de ser afectados por un terremoto… Quien viva en el Valle de Katmandú afronta otros riesgos cotidianos en función de la calidad del aire, la calidad del agua, la contaminación, el tráfico y simplemente la pobreza”.

El diagnóstico fue formulado hace apenas dos semanas, el 12 de abril, por Geohazards International, una asociación de sismólogos e investigadores sociales que alertan sobre los riesgos de los terremotos a escala mundial.

Para el Valle de México, el Instituto de Ingeniería de la UNAM, entre otras instancias, ha sido enfático y puntual en advertir los riesgos y daños en caso de presentarse un gran sismo de 8.1 grados como aquel del 19 de septiembre de 1985. Un sismo del que no sabe precisar cuando ocurrirá, pero del que se tiene la certeza y evidencia probabilística de que sucederá en cualquier día o noche de este siglo.

Con base en la vulnerabilidad estructural del suelo, características de los edificios y estimaciones de la intensidad de las sacudidas esperadas, según un modelo de simulación de gradaciones, hoy sabemos que las delegaciones Cuauhtémoc y Benito Juárez concentrarían los daños “muy graves” y “graves” en caso de un sismo similar al ocurrido el pasado sábado en el Valle de Katmandú, en Nepal.

Una vez más, la zona centro de la Ciudad de México, el Centro Histórico de la nación, sería el más afectado.

¿Estamos preparados para un desastre de esas dimensiones?

Respecto a 1985 sí, pero respecto a los parámetros actuales no. Ciertamente hay mayor conciencia en la población, hay políticas y oficinas de protección civil, un sistema de alertas tempranas y hasta simulacros de evacuación, pero también hay factores de riesgo que no podemos negar.

Está comprobado que desastres naturales como un sismo, una inundación o un ciclón son más devastadores y destructivos si se combinan con tres factores que no son naturales, sino totalmente humanos: la improvisación, la negligencia y la corrupción.

Los sismos no matan, las inundaciones no ahogan, los ciclones no destruyen…, lo que mata son las construcciones mal edificadas, los fraccionamientos construidos en áreas prohibidas y los inmuebles que incumplen las normas de seguridad y protección civil.

Son más devastadoras la corrupción, la negligencia y la improvisación que mil sismos y sus réplicas.

Cambiar el uso del suelo de manera indiscriminada; levantar construcciones a lo bestia, sin garantizar el abasto de agua potable o las vías de acceso; duplicar o triplicar la población flotante de una colonia o una delegación, sin ampliar las vialidades, los cajones de estacionamiento o la movilidad de la zona; demoler una construcción de valor artístico para construir verticalmente una caja de zapatos de concreto con unas ventanitas a la calle, todo eso no son fallas de la naturaleza o “castigos de Dios”, sino errores de los hombres y, en específico, consecuencias directas de los abusos de la autoridad, de las fallas de los gobernantes, del maridaje de complicidades políticas y económicas nacidas de la corrupción.

La tragedia de Nepal, a la vez tan lejos y tan nuestra, nos alerta de lo que es capaz de cobrarnos la naturaleza, cuando queremos dominarla mediante el desorden, la negligencia y la inconsciencia.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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