Antilogia

Estampas de una guerra civil irregular

Más que arremeter contra los informes de la ONU sobre desapariciones forzadas, hay que dedicarse a combatir las causas estructurales de la guerra civil informal mexicana.

1) En el Diccionario del siglo XXI, Jacques Attali define las guerras de este siglo. “Las guerras futuras se dividirán probablemente en tres grandes categorías: en las fronteras entre civilizaciones; entre rivales dentro de una misma civilización, y para hacerse con el control de recursos escasos” (p.163). Es decir, veremos cada vez menos guerras formales militares entre Estados, y cada vez más guerras civiles irregulares entre fronteras y al interior de éstas.

En esta visión de hace 25 años, Attali ubicaba las fronteras de México con Estados Unidos y Guatemala, como dos de los posibles puntos donde habría conflictos fronterizos entre civilizaciones. Nadie imaginaba que la liebre saltaría por el lado de “el control de los recursos escasos”, el más importante de ellos: el ingreso per cápita.

2) En el último cuarto de siglo la economía mexicana ha crecido en promedio 2.2% anual. Si descontamos la tasa poblacional, quedaría en 0.2% anual. Casi nada. En el mismo período, el país pasó de 300 ricos autóctonos de 100 mdd a 12 superricos globalizados de más de mil mdd, entre ellos un narcotraficante, según la revista Forbes.

En otras palabras, no aumentó la riqueza nacional, pero sí se modificó la forma de obtenerla y distribuirla, tendiendo a la hiperconcentración, mediante mecanismos de sobra estudiados, como la formación desde el poder político de monopolios y protectorados económicos particulares; lo que Joseph Stiglitz llamó “capitalismo de cuates” o de “compadres”.

3) Este sistema edificó una pirámide social peculiar: 53.5% de los adultos mexicanos se ubica por debajo de los 10 mil dólares anuales, mientras que 40.6% gana entre 10 mil y 100 mil dólares al año. Solo 0.3% de los adultos mexicanos tiene una riqueza superior al millón de dólares anual. Son nuestros “millonarios”. Así, se estima que el coeficiente de Gini de México es de 0.78 en una escala de 0 a 1, donde éste último representa perfecta desigualdad.

4) La desigualdad endémica del país se refleja hasta entre los “millonarios”: se estima que 166 mil 184 ganan entre uno y 5 millones de dólares al año; 12 mil 266 ganan entre 5 y 10 millones; 6 mil 753, entre 10 y 50 millones; 498 entre 50 y 100 millones; 274 tienen ingresos entre 100 y 500 millones; 20 ganan entre 500 y mil millones; y solo 12 mexicanos acumulan una riqueza superior a los mil millones de dólares al año (Reporte Global de Riqueza 2013, Credit Suisse).

5) A la par que la movilidad social se azolvó, la justicia cotidiana se empantanó. La demanda de este bien público básico triplicó la capacidad instalada para atenderla. Los procesos se alargaron de tres meses a tres años promedio, los “costes” judiciales se elevaron por la corrupción, los tribunales se convirtieron en el último lugar al que desea acudir un mexicano a reclamar justicia, mientras la impunidad alcanzó marca mundial: solo 4 de cada 100 delitos son castigados.

6) En síntesis, el país está inmerso en una guerra civil irregular (Siria y México son los únicos países con un saldo de 100 mil civiles ejecutados extrajudicialmente en pocos años). Se secuestra, se extorsiona y se mata por “el control de un recurso escaso” que no es el agua ni el petróleo, sino el dinero; donde la pólvora es la desigualdad estructural y el cerillo la impunidad.

Así que más que arremeter contra los informes de la ONU sobre desapariciones forzadas, hay que dedicarse a combatir las causas estructurales de esta guerra civil informal.

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