Antilogia

¿Preparados para Trump?

Primero se le ignoró y ahora existe pánico escénico. Las reacciones en México van desde remover de manera sorpresiva al embajador en Washington hasta declararle la guerra verbal por conducto de un gobernador, pasando por el lenguaraz ex presidente Fox.

El casi seguro candidato republicano Donald Trump debe estar muerto de la risa de las reacciones que han provocado sus desplantes en México. A saber, la construcción del muro más alto y extenso en la era de la globalización, la cancelación del TLC, la confiscación de las remesas de los migrantes mexicanos y la deportación masiva de mexicanos indocumentados.

De ganar la presidencia de Estados Unidos, ¿qué posibilidades existen de que Trump cumpla estas amenazas?

La respuesta es que no dependen de la voluntad de Trump exclusivamente. Dependen ante todo del Congreso, de la Suprema Corte de Estados Unidos, de la opinión pública liberal e independiente de nuestros vecinos, de la presión organizada de los ciudadanos norteamericanos de origen mexicano y, en un momento dado, de los organismos internacionales como la ONU.

Si Trump, además de la presidencia logra hacerse de una amplia mayoría republicana en la Cámara de Representantes y en el Senado, entonces sí, las probabilidades de que su agenda antimexicana avance serán muy altas.

Sin embargo, desde el segundo período de Bill Clinton, 1996, los ejecutivos norteamericanos han tenido dificultades para hacerse de una mayoría legislativa que avale de manera incondicional sus propuestas de política exterior e interior.

Si la sola voluntad presidencial bastara, Clinton (D) hubiese sacado adelante el seguro médico universal; Bush (R) hubiese impuesto un déficit fiscal histórico, a nombre de la guerra santa contra el terrorismo; y Obama (D) hubiera impulsado ya su reforma migratoria. Todos estos presidentes se han quedado con muchas promesas de campaña en el escritorio por falta de esa mayoría legislativa en ambas cámaras.

Y aún teniéndolas, siempre quedan en la ruta crítica otras instancias y poderes alternos que moderan, neutralizan o hasta desechan impulsos primitivos u obsesiones políticas presidenciales: la Suprema Corte de Justicia por controversias constitucionales, la opinión de los grandes medios de comunicación, la presión de los paisanos organizados y las mismas Naciones Unidas.

Todas estas puertas deberá tocar y escalar el gobierno de México para enfrentar la eventual tormenta política que significaría un Donald Trump antimexicano en la presidencia de Estados Unidos.

Estas acciones son más efectivas y eficaces que las payasadas de Vicente Fox o los desplantes verbales de algunas autoridades mexicanas que, como sabemos, se han ganado el desprecio total del aspirante republicano por considerarlas corruptas y carentes de autoridad moral.

Por último, es probable que la agenda antimexicana de Trump impacte más en México que en los propios Estados Unidos. Las amenazas y amagos serán un factor que los electores mexicanos seguramente tomarán en cuenta al momento de elegir al próximo Presidente de México.

La defensa de la soberanía y la integridad nacionales, como nunca antes, tendrá sentido en la mente de los electores. El candidato (a) que mejor comunique y convenza sobre la forma de enfrentar la embestida de un eventual presidente norteamericano antimexicano, tomará la delantera en la carrera que tiene por meta el Palacio Nacional.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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