Antilogia

¿Consenso de Grecia o consenso de Washington?

La crisis griega se gestó de la mano y bajo la mirada del consenso de Washington, sin que nadie lo notara, hasta que llegó un gobierno de izquierda.

“La democracia importa más que cualquier

 acuerdo monetario”:

 Paul Krugman

Europa ha dado al mundo dos paradigmas. El fundamentalismo democrático, que defiende la soberanía y el derecho del pueblo a darse en todo momento el tipo de gobierno que libremente elija, y la ortodoxia económica o tecnocracia, que postula el gobierno de la economía por parte de especialistas y técnicos químicamente puros, que trascienden ideologías políticas. Son los paradigmas del Estado y el libre mercado.

El fundamentalismo democrático nació en Grecia, en el siglo VIII ac, mientras que la tecnocracia es más reciente, a partir de la Segunda Guerra Mundial, habiéndose incubado en Alemania y Gran Bretaña, y alcanzado su pleno desarrollo en el llamado “Consenso de Washington” (John Williamson, 1989).

No está de más recordar los 10 mandamientos de ese consenso: disciplina fiscal; redireccionar el gasto público de los subsidios indiscriminados a la inversión pública en infraestructura, salud y educación; reforma tributaria; ahorro interno, mediante tasas de interés moderadamente positivas; tipos de cambio competitivos; liberación del comercio; apertura a la inversión extranjera directa; privatización de empresas y servicios públicos; desregulación del mercado y la libre competencia; seguridad jurídica a la inversión, a la propiedad privada y a la propiedad intelectual.

Conciliar los paradigmas del Estado y el mercado (los fundamentalismos democráticos y tecnocráticos) ha sido el gran desafío europeo del último medio siglo, sin alcanzar una solución plena. La socialdemocracia es quizá la doctrina política que más ha buscado ese punto medio o “tercera vía”, sin que a la fecha encuentre la expresión institucional y económica definitiva.

Antes de denostar o aplaudir la decisión del “No” griego, es importante considerar que este país llega al fondo de la crisis siguiendo al pie de la letra todas las recetas económicas tecnocráticas que le habían augurado crecimiento y prosperidad.

Los dos gobiernos de derecha y centro anteriores al de Syriza, mediante estrategias de “contabilidad gubernamental creativa”, maquillaron y ocultaron el tamaño real de la deuda pública y el destino del gasto público destinado a fondos de pensión y jubilaciones (la mitad de los griegos vive de estos rubros). Con un agravante adicional: de los 370 mil millones de euros que debe Grecia, solo 20 por ciento ha ingresado a su economía y 80 por ciento ha sido para el pago de intereses y adeudos financieros.

En otras palabras, la crisis se gestó de la mano y bajo la mirada del Consenso de Washington, sin que nadie lo notara y previniera. A la actual gobierno de Tsipras solo le están pasando la factura.

Paul Krugman y Joseph Stiglitz han dimensionado el tamaño de la tragedia económica griega. Con el “Sí” al plan ortodoxo de la troika (más impuestos y recorte a la mitad del gasto social y las pensiones), el país tardaría 200 años para saldar su deuda. Con el “No” y la suspensión de pagos, el país tendría las mismas penurias que hoy padece su población, pero con la posibilidad de salir en una generación (15 a 25 años) de la actual crisis, decidiendo soberanamente su política económica.

Ninguna de las dos son opciones. El reto seguirá siendo evitar ambos extremos: ni el Estado deudor que todo lo gasta de manera improductiva e irresponsable, ni el mercado desregulador que todo lo concentra de manera inequitativa y disruptiva.

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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