Antilogía

La 3de3 de AMLO: ¿Weber o Hank?

Para Santos Antonio González Esparza

Debemos al sociólogo alemán Max Weber la tipología del político "que vive para la política" y el político que "vive de la política".

El primero se caracteriza por ejercer una cualidad personal llamada carisma, "en virtud de la cual se le pone aparte de los individuos corrientes y se le trata como a quien está investido de poderes o cualidades sobrenaturales, sobrehumanas, o por lo menos específicamente excepcionales".

Weber advierte que al líder carismático no lo mueve la acumulación de riquezas, sino el reconocimiento de sus seguidores e iguales. "La autoridad carismática rechaza el pasado, y en este sentido es una fuerza específicamente revolucionaria. No admite la apropiación de cargos de poder por virtud de la posesión de riquezas, ni por parte de un jefe ni de grupos socialmente privilegiados". Ejemplos de liderazgos carismáticos son los héroes de guerra, los jefes de tribus, los líderes religiosos, los profetas y los caudillos revolucionarios.

Podríamos incluir aquí las figuras de los dirigentes nacionalistas opositores que lograron, después de años de persecución, discriminación y segregación, llegar al poder por la vía de la dominación legal, y demostraron ser autoridades bastante "racionales" (institucionales) en términos weberianos: Francois Mitterand, Nelson Mandela, Lula da Silva, José Mujica, entre otros "populistas carismáticos" (detractores dixit).

En contraposición, debemos a un político mexicano de ascendencia alemana, Carlos Hank, una tipología más nativa, rapaz y vulgar del servicio público: la del "político pobre, pobre político". De acuerdo con esta visión, no hay tales políticos que vivan para la política; todos viven o deben vivir de la política.

En la visión hankeana del poder, el éxito y la legitimidad provienen del presupuesto que manejas y de la riqueza que llegas a acumular para ti y los tuyos, al pellizcar o dar una tarascada a ese pastel. "Un político que declara ganar 50 mil pesos al mes, después de haber gobernado la ciudad con más presupuesto del país, es un político pobre". "Un político que lleva dos campañas presidenciales y que vive en una casa de 120 metros cuadrados, en un condominio horizontal, en una colonia de clase media-media, y que además no es de él, es un pobre político". "Un político que no se mueve en vehículos blindados, que nunca ha viajado en aviones privados, que no tiene acciones, socios ni prestanombres en constructoras o empresas privadas, y que además no usa tarjetas de crédito, ¿pues qué clase de político mexicano es ese?".

Muchas de las objeciones, sospechas y dudas que ha despertado la 3de3 de AMLO se basan más en el arquetipo hankista del político a la mexicana que en la tipología weberiana sobre la autoridad política legítima.

Ahora que AMLO ha sometido a escrutinio público su patrimonio, ¿qué procede antes de descalificarlo? Que el Cisen, el SAT, la PGR, la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda, cualquier registro público de la propiedad en México y en el extranjero, los periodistas del Panamá Papers, WikiLeaks, la CIA, la DEA, el FBI, Anonymus, las redes sociales o algún honorabilísimo "testigo protegido" de la Seido demuestren lo contrario y prueben que está faltando a la verdad. Tienen hasta el 3 de junio de 2018.

De no ser así, habrá que reconocer lo que la canalla y la mezquindad políticas se resisten aceptar en este momento: que AMLO es un dirigente congruente, honrado y honesto —la némesis de los políticos del PRI y del PAN—, más cercano al civismo idealista de Weber que al cinismo realista de Hank.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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