La vocación centralista

Existen tres formas puras de gobierno: la  monarquía constitucional con leyes sobre la voluntad real; la timocracia basada en el honor de los gobernantes; y la democracia, el gobierno del pueblo. Y tres formas degradadas: la tiranía que es el gobierno arbitrario de un solo hombre;  la oligarquía, el régimen de unos pocos dueños del dinero; y la oclocracia, el gobierno de la muchedumbre, distinta del pueblo educado y consiente. Para muchos doctrinarios el mejor gobierno es el mixto; esto es, aquél que combina al menos dos de las formas puras; por ejemplo el régimen inglés que conjuga la monarquía con la democracia representada por el parlamento, que está  conformado por dos cámaras: la de los lores (los nobles) y la de los comunes  (los elegidos entre el pueblo); el propósito del bicameralismo es que todas las clases sociales estén representadas de manera efectiva en el gobierno.Los fundadores de las 13 colonias norteamericanas, formados en la experiencia inglesa pero conscientes de su responsabilidad de construir un Estado, adaptaron sus conocimientos a las necesidades de su nueva situación y crearon un sistema político basado en el pacto federal que celebraron las trece colonias y un gobierno típico.En los Estados Unidos la monarquía está representada por el presidente y el parlamento por el congreso conformado por senadores y  diputados.  Los senadores representan a los estados y los diputados al pueblo. Los estados tienen el mismo número de  senadores; y el número de diputados es proporcional a los habitantes, los estados con más población tienen más diputados. Esa pluralidad hace posible que en el gobierno participen el mayor número de intereses colectivos. México copió el sistema norteamericano; sin embargo, la tentación de centralizar y concentrar el poder siempre ha estado presente; y la pluralidad que debería de caracterizar al Congreso es letra muerta, pues senadores y diputados votan en bloque. Ahora, por seguridad pública, se pretende quitar a los estados la facultad de cesar ayuntamientos y designar nuevos; para que ese poder sea del Congreso federal; y privar a los municipios de sus policías para concentrarlas en los estados, lo que equivaldría a federalizarlas a través del mando único militarizado. Deberíamos reflexionar sobre la significación del federalismo y el valor del voto razonado y diferenciado de senadores y diputados, porque si nuestro sistema continúa siendo un montaje nunca conoceremos los beneficios del federalismo real ni el pueblo estará legítimamente representado en el Congreso, cuyas leyes seguirán lesionándonos impunemente.