El tránsito es un alto riesgo para la vida

Los últimos gobiernos se han caracterizado por su indecisión para imponer coactivamente el respeto a las leyes por el temor político de ser calificados de autoritarios y represores; olvidando que el cumplimiento de las reglas es la condición sine qua non para la vida en sociedad. La civilización se diferencia de la barbarie por el respeto a las normas que garantizan la convivencia segura y armónica; por eso es necesario que la autoridad imponga la observancia del derecho, aun en contra de la voluntad de los gobernados, mediante el uso legítimo de la fuerza pública.
Los males que padecemos son agravados por la pérdida de los valores y del sentido de la civilidad; eso ha provocado que vivamos en una especie de selva moderna donde se imponen los más fuertes y violentos. La imagen fiel de esa jungla urbana es el tránsito caótico de vehículos y la falta o la depredación de las vialidades para el uso y protección de los peatones.
Esa situación es producida por privilegiar la circulación y la alta velocidad de los automóviles, sobre la vida, la salud y el patrimonio de las personas. Los resultados son trágicos: muertos, heridos y daños materiales; casi todos por manejar con exceso de velocidad, en estado de ebriedad o hablando y escribiendo por teléfono; y sobre todo con un gran desprecio a la vida de los semejantes.
Es urgente que la autoridad restablezca la civilidad y la cordura en las calles; y para eso se proponen las siguientes medidas; que para ser efectivas necesitarían aplicarse con firmeza y de manera permanente a través de las direcciones de seguridad y tránsito:
I. Establecer las velocidades máximas de 40 kilómetros en calles, avenidas y calzadas; 50 en los bulevares; y 60 en el periférico y las carreteras a Matamoros y San Pedro en las áreas pobladas. II. Imponer arrestos administrativos y el secuestro temporal de los vehículos a quienes manejen en estado de ebriedad, hablando o escribiendo mensajes por teléfono. Independientemente de las penas en caso de delitos. III. Obligar se haga  alto total en las bocacalles sin preferencia. IV. Hacer que se respeten las vialidades peatonales y la circulación ordenada de bicicletas. V. Restablecer los carriles de estacionamiento. La supresión obligó a usar las banquetas para ese fin, poniendo en peligro a los peatones. VI. Obligar a las gasolineras y tiendas de conveniencia a que restituyan las banquetas y sólo tengan un lugar para la entrada y otro para la salida de vehículos.  VII. Impedir la circulación de tráileres de quinta rueda dentro de la ciudad.