La tiranía democrática

Norberto Bobbio dice: “La sociedad política es la forma más intensa y vinculatoria de organización de la vida colectiva. La pregunta es: ¿Cuáles y cuántas maneras existen para dar forma a esa organización?”. Larespuesta histórica es que existen tres formas puras de gobierno y tres impuras. Las tres primeras son la monarquía, gobierno de uno; la aristocracia o timocracia,de unos pocos; y la democracia, de todos.

Esas formas degeneran en tiranía, oligarquía y demagogia.Aristóteles califica axiológicamente las formas de gobierno; para saber si es bueno o malo debe preguntarse: ¿Quién gobierna? ¿Cómo gobierna? ¿Para quién gobierna? El bueno gobierna para el interés común; el malo, en beneficio de los propios gobernantes.

La corrupción es la causante de la degeneración: transforma al monarca en tirano arbitrario y violento; al honor de la aristocracia, en ambición; y a la libertad de la democracia, en libertinaje moral y económico.

Nuestro sistema es un régimen de democracia anómala; las elecciones sirven para enmascarar las decisiones cupulares y hacerlas pasar como productos de la voluntad popular; existen la división formal de poderes; multitud de partidos con idearios de centro, derecha o izquierda; e incontables leyes que teóricamente deberían de ser justas, de aplicación general, abstractas y coercitivas.

No es una forma de democracia pura porque no ejerce el poder público en beneficio del interés colectivo; lo hace en su propio favor y en el de sus paniaguados.

Los congresos se someten al presidente y a los gobernadores; todos los partidos medran del presupuesto; los sueldos de la alta burocracia son aberrantes; la impunidad en el mundo oficial es casi absoluta; y muchas leyes son arbitrarias, recaudatorias y se aplican de manera selectiva. 

Mientras eso ocurre en la nomenclatura mexicana, la mayor parte de la población no está sujeta al régimen legal: viven al margen de las leyes la gente en pobreza extrema, los indígenas de  los municipios autónomos, los activistas sociales y sus seguidores; los 25.5 millones que conforman la economía informal; y los empresarios globales que imponen sus reglas. 

En ese escenario, somos minoría los ciudadanos que por convicción o por las circunstancias socioeconómicas vivimos dentro del marco legal. Somos los cautivos que el Estado somete coactivamente, nos obliga a tolerar a gobernantes ineptos y corruptos, a pagar impuestos confiscatorios y a hacer trámites tortuosos. Por tales razones nuestro régimen es una tiranía democrática.