El terrorismo fundamentalista

Los barbaros e injustificables asesinatos en Charles Hebdo atentan contra la paz, la  emigración, la integración y el antirracismo. Por la colonización, las grandes emigraciones y la desigualdad económica las poblaciones de muchos países están conformadas por colectivos con orígenes nacionales o culturales diferentes; en ellos la tolerancia y respeto a la diversidad es la condición irrevocable para la coexistencia pacífica; y la unidad y coherencia en la multiplicidad. Los estados modernos surgieron en virtud de la Paz de Westfalia, firmada en 1648. En ella nacieron los estados nación con territorio delimitado y población mayoritariamente homogénea por compartir la misma lengua, religión y costumbres. Igualmente, nació el concepto de soberanía que comprende la no intervención en los asuntos internos y la libertad para decidir sobre la religión nacional.Por las características del estado nación las guerras, a partir de la Paz de Westfalia, han sido entre estados por la conquista territorial y el dominio económico e ideológico. Sin embargo, Samuel Huntington, en su celebre ensayo sobre el choque de civilizaciones, escrito en 1993, sostiene que los nuevos conflictos surgirán entre naciones pertenecientes a civilizaciones diferentes.  Una civilización es el nivel más alto de agrupación e identidad cultural de los pueblos. Así, un nacido en Roma es romano, italiano, europeo y occidental. La civilización occidental tiene dos grandes variantes: la europea y la norteamericana; y el islam comprende la árabe, turca, pakistaní y malaya, entre otras. Pero por el paulatino debilitamiento de los estados nación y la decisión norteamericana de imponer su ideología e intereses económicos en el mundo; así como por los fundamentalismos religiosos y la desigualdad socioeconómica existentes dentro de los países, las confrontaciones violentas entre los grupos de civilizaciones o situaciones sociales diferentes se realizan ahora entre los pobladores del mismo Estado. El terrorismo aumenta, fortalece y cohesiona a los grupos fundamentalistas de todas las doctrinas; y los hace endurecer sus reacciones en contra de todos a los que consideran diferentes.     Vivimos, pues, las crueles manifestaciones de las luchas intestinas. Los gobiernos deberían recapacitar y dialogar sobre la imposición de la globalización occidental, y el derecho de los estados a la autodeterminación; y, así mismo, trabajar para la erradicación de la pobreza y la marginación. Y todos nosotros, sin distinción de raza y cultura, deberíamos condenar todas las clases de discriminación y violencia; y, en cambio, cultivar la tolerancia y respeto. La pluralidad étnica, cultural y social es un hecho inevitable: no podemos coexistir peleando todos contra todos.