El sofisma actual

En el año 2012 se reformó el art. 35 de la Constitución federal para que los ciudadanos sin pertenecer a un partido, puedan ser electos para los cargos públicos.

En ese contexto, después de casi 70 años, se eligieron un gobernador, presidentes municipales y diputados que no fueron postulados por ningún partido político. 

Para muchos ese hecho significa un triunfo de la democracia que debilita la fuerza impositiva de los partidos. Incluso, ellos consideran insuficientes las reformas por los requisitos excesivos y el reducido financiamiento público para los independientes.Hoy en los medios y en las pláticas de amigos se festina la elección de los llamados candidatos sin partido, sin reflexionar a fondo sobre su significación y consecuencias.

En lugar de razonar usamos frases fáciles y pegajosas que nos privan de preguntar que intereses hay detrás de cada candidato independiente, cómo piensa y qué compromisos tiene. 

En mi opinión, los candidatos independientes agravan el exceso de partidos políticos y el gasto público; servirán a los factores reales de poder, o a activistas sociopolíticos, en el mejor de los casos; para gobernar necesitarán un partido o crear una estructura similar; y el voto de los diputados independientes nada podrá contra los grupos parlamentarios. Varios politólogos opinan que en países como México, la democracia sólo es posible a través de los partidos.

Samuel P. Huntington dice: “La modernización política implica la extensión de la conciencia política a nuevos grupos sociales.

El desarrollo en ese terreno implica la creación de instituciones adaptables, complejas, autónomas y coherentes para absorber y ordenar la participación social y promover el cambio socioeconómico”Por eso, creo que la solución está en la democratización interior de los partidos, el respeto irrestricto a los idearios y la reducción del financiamiento público; y no en el sofisma de paladines independientes.