La paradoja de las Leyes

El Diccionario de la Real Academia dice que la paradoja es una figura del pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción. Así es paradójico que, por una parte, el gobierno mexicano se resista a aplicar las leyes existentes y, por la otra, que quiera resolver los problemas promulgando nuevas leyes. 

Pero, sobre todo, es absurdo que se pretenda resolver con leyes prohibitivas y la imposición de penas corporales las dolencias sociales originadas en la pobreza, la incultura o en la comisión de conductas que la opinión común, sin conocimiento y sin análisis de fondo, juzga inconvenientes para la moral pública. 

En ese contexto, es complicado saber qué causa mayor daño social: el incumplimiento de las leyes; o el exceso de leyes prohibitivas. Por lo general, cuando el gobierno se limita a prohibir una determinada conducta, sin abonar otras medidas para resolver el problema de fondo, se provoca que los actos prohibidos se sigan cometiendo pero de manera clandestina; y eso perjudica  a las personas que se pretendía proteger.

Ejemplos de esas situaciones hay muchos: la prohibición del trabajo de los menores de 15 años que aumenta la necesidad familiar, la mendicidad y la vagancia; las prohibiciones en torno a la prostitución (no la prostitución en sí misma), causantes de casos de trata de personas e insalubridad; la prohibición de las drogas que provoca una economía paralela, miles de muertos y encarcelados; e innumerables recursos humanos y materiales gastados en balde.En los casos señalados el denominador común es que se ha lastimado y expuesto a mayores peligros a quienes se quería cuidar.

El ideal de las leyes es contribuir a la transformación social; pero para alcanzar ese objetivo son indispensables acciones materiales que cambien la realidad y que las leyes avancen gradualmente para que su aplicación sea benéfica y no lesiva.

Así, antes de prohibir y castigar se deberían de regular de manera humana y prudente muchas conductas y acciones hoy criminalizadas, de tal manera que puedan realizarse con apego a las leyes y bajo la supervisión de las autoridades; y no en la clandestinidad cuyos efectos son más perniciosos.

Los beneficios serían para quienes por su condición están obligados a esas formas de vida y, aunque no lo creamos, para la sociedad.