La orfandad cultural

Para entender la problemática sociopolítica de México y valorar las soluciones que se propongan, o para hacer planteamientos razonables y objetivos, se necesita analizar los conflictos de manera ordinaria con los datos y observaciones disponibles, y disciplinar el pensamiento para llegar a una conclusión fundada.

Esa es una aplicación práctica del conocimiento científico que implica la localización de los problemas, el acopio y clasificación de la información, las hipótesis de solución y, en lo posible, las pruebas de los resultados de las proposiciones. Cada uno debería, dentro de sus capacidades, adoptar ese método para juzgar el devenir social y participar en la formación de ciudadanía.

Esa manera de pensar caracteriza a los hombres y mujeres que son los protagonistas de los países culturalmente desarrollados. Desafortunadamente, esa cualidad es rara entre nosotros que por lo general en vez de pensamientos reflexivos que incluyan, según el lenguaje de Ortega y Gasset, al yo y su circunstancia, nos limitamos a intereses particulares y a la obtención de ventajas inmediatas.

Tal condición nos impide hacer diagnósticos, conocer las fortalezas y las debilidades para implantar y operar propuestas de solución; y desde esa perspectiva, según el caso, juzgar las actuaciones ajenas, o realizar las acciones propias. En cambio, la falta de rigor en el pensar nos hace obcecados, reduccionistas y arrebatados.

Por eso no vemos con claridad las causas de los males sociales endémicos que padecemos. Para explicarlos, en el mejor de los casos, cada uno piensa que su conducta es la correcta y que son los otros los equivocados y culpables; y, en el peor, ni siquiera pensamos en ellos. Convenimos en que el origen del mal es la falta de valores en los demás sin recapacitar en nuestraspropias faltas, y sin indagar qué valores deberían de sobrevivir y respetarse.

Así, pues, me parece que la causa eficiente de la malformación congénita de la sociedad mexicana es la falta de una cultura sociopolítica, entendiendo por tal la suma de costumbres, creencias, normas morales y conocimientos que por ser compartidos por amplios sectores de la población modelan las reglas de  la convivencia y las metas comunes.

Esa carencia obstaculiza el desarrollo del sentido de comunidad, cuya urdimbre se forma con la cohesión y la solidaridad. Esa orfandad cultural genera el individualismo ambicioso y egoísta.

Por su importancia continuaré con este tema en el próximo artículo.