Las olvidadas obligaciones básicas del Ayuntamiento

Históricamente los municipios han sido pobres. Para remediar sus necesidades y pudieran prestar los servicios a su cargo, en el año de 1983 se reformó el artículo 115 constitucional asignándoseles fuentes de recursos propias.

Actualmente la hacienda municipal se integra, principalmente, con los impuestos por adquisición de inmuebles y predial; y con las participaciones federales y estatales. La bonanza del petróleo aumentó la economía de la federación, los estados, el Distrito federal  y los municipios. Y los municipios, igual que la federación y las entidades federativas, dilapidaron sus ingresos en la ampliación desproporcionada de la burocracia, sueldos altísimos, corruptelas y gastos suntuarios.

Así, paradójicamente, esa riqueza sirvió para contraer nuevas y enormes deudas.     

Ahora, ante la caída de los precios del petróleo, la devaluación del peso, la ausencia de inversiones y el pago de las deudas, es tiempo de que el Ayuntamiento de Torreón haga un alto, recapacite sobre su situación económica y la enfrente con acciones realistas de bajo costo y que propicien el bienestar colectivo.

Si el Ayuntamiento hace ese ejercicio de introspección se dará cuenta que debe  de  ajustar sus planes y gastos, y concentrar su esfuerzo en la ejecución de las acciones que satisfagan las necesidades básicas. Necesidades cuyo cuidado fue lamentablemente relegado para privilegiar proyectos y obras supuestamente prioritarias y de gran impacto. 

Las obligaciones básicas del Ayuntamiento son el buen gobierno y la prestación de los servicios públicos elementales.

Deberes cuyo cumplimiento está  soterrado en un alud de proyectos. Junto con los grandes planes campean la ausencia de autoridad y orden en las calles, la violación continua y sistemática de los reglamentos, la escasez de agua,  la basura, el pavimento en ruinas, y la invasión, destrucción  y privatización de las banquetas. Urge, pues, volver la atención a lo fundamental.