La obligación de razonar el voto

Donald Trump fue electo presidente de los Estados Unidos de América por el Colegio Electoral a pesar de que no obtuvo la mayoría de los votos populares; y, ahora, una parte de la población ha iniciado un movimiento social en contra de su programa político.

Esa actitud pone en evidencia la falta de criterio democrático que impide reconocer el éxito de un partido o candidato cuando no son favorables a nuestros intereses o preferencias, e inhibe la capacidad de razonar y valorar cual fue la causa de la derrota y como puede corregirse.

Me parece que la experiencia americana lo primero que nos enseña es que debemos revisar el sistema electoral mexicano, para saber si en verdad garantiza la participación ciudadana y su representación, o si el sistema está diseñado para suplantar la voluntad popular a través de los partidos y los procedimientos electorales.

Para tener un criterio correcto es necesario examinar los diferentes sistemas electorales que han existido, desde la antigua Grecia que concedió el voto sólo a los ciudadanos que eran la minoría; Roma que lo constriñó a los poseedores de riqueza; hasta llegar al voto universal, la elección directa e indirecta, y la segunda vuelta que garantiza la elección por mayoría calificada.

En segundo lugar, debemos recapacitar en que el perfeccionamiento de la democracia radica en ejercer efectivamente el derecho de voto, pero plenamente informados de la trascendencia del acto y conscientes de la forma de pensar y actuar de los partidos y candidatos.

Para eso, es necesario la difusión de los programas políticos y de las acciones concretas que propongan para realizarlos. Si no votamos, o si lo hacemos sin conciencia del acto tendremos que aceptar que los gobiernos sean fruto de nuestra indolencia.