¿Las mejores formas o los mejores hombres?

Para remediar las malas prácticas políticas se descalifican las leyes vigentes y se apuesta por otras distintas. Llevamos tres reformas políticas y ya se reclama otra. Eso, me parece, es confundir el fondo con la forma y no querer enfrentar que son nuestras deficiencias ciudadanas las culpables de la indigencia política.   

Bobbio en la Teoría de las formas de gobierno, cita el relato de Heródoto sobre la discusión imaginaria ocurrida en el siglo VI A. C., entre: Otanes, Megabyzo y Darío, sobre la mejor forma de gobierno. Otanes partidario del pueblo, dijo: La monarquía es una cosa desagradable e injusta; pues visteis la insolencia de Cambises.

¿Cómo podría ser ordenado un monarca, si puede hacer lo que quiera sin responder ante nadie? En cambio, en el gobierno del pueblo existe la igualdad de derechos políticos llamada isonomía.

Megabizo defendió la oligarquía: Opino como Otanes en lo de abolir la monarquía; pero no en conferir el poder al pueblo, pues nada hay más obtuso y prepotente que una multitud inepta.

No es aceptable huir de un tirano para caer en la insolencia irresponsable del populacho. Por eso, deben de gobernar los mejores para que tomen las mejores decisiones.Darío propuso la monarquía: Cuando el pueblo gobierna se origina la corrupción; y esta genera sólidas amistades entre los malvados que conspiran contra el bien común, hasta que alguno se pone al frente y los somete; así que debe gobernar el mejor hombre, ya que siendo el mejor administrará intachablemente al pueblo.

Esas son las formas clásicas de gobierno, buenas en sí mismas hasta que la ambición de los hombres las pervierten. La solución, entonces, no son las formas sino la existencia de ciudadanos con valores cívicos para que de ellos surjan los políticos comprometidos con el bien público.