La gran paradoja

Donald Trump es el presidente electo. Su triunfo responde directamente a las condiciones de vida de la mayoría de los estadounidenses y a la crisis social, económica y política que ha provocado en el mundo el capitalismo salvaje.

Su victoria entraña varias lecciones.Es una paradoja, entendida como la contradicción de un concepto en sí mismo, que un hombre prototipo del capitalismo haya manejado un discurso adverso a los fundamentos de la globalización, y que a pesar de su historia personal haya logrado con esa argumentación conectar con el pueblo llano de los EEUU.

Sin embargo, la explicación es sencilla y contundente: el neoliberalismo sepultó la creencia de la auto regulación del mercado libre y su contribución a la justa distribución de la riqueza.

Por el contrario, la globalización ha agudizado la desigualdad haciendo inmensamente ricos a unos pocos y mucho más pobre a la gran mayoría. Por lo que existe un creciente rechazo al orden económico actual.

El capitalismo salvaje desquicia a Estados y negocios con sus empresas mundiales, guerras, criminalidad, desempleo por la tecnología y la búsqueda de mano de obra barata, y por la imposición de sus leyes, usos y costumbres dirigidos a controlar la producción y distribución de bienes y la acumulación de ganancias.

En EEUU hay un profundo sentimiento de amargura y rencor en las clases sociales abandonadas que ha fortalecido el populismo conservador y ultranacionalista. Lo mismo ocurre en otros países, al grado que muchos desean un cambio al socialismo o el regreso de las soberanías y proteccionismos nacionales.

Trump, hizo una buena lectura del momento actual, lamentablemente, no ofrece ninguna posibilidad real de cambio benéfico; por el contrario, su paradójico triunfo ha generado temor, pero ojalá sirva para enmendar los males del imperialismo globalizador.