La elección de diputados

Las propuestas electorales hacen pensar que los candidatos a diputados desconocen la trascendencia de la función legislativa, o están convencidos que para triunfar basta prometer cosas imposibles. En efecto, en sus campañas tratan temas ajenos a sus funciones, o fuera de las posibilidades reales de los diputados. 

En ese escenario, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, dijo: “El proceso electoral es uno de los muy pocos elementos que pueden producir confianza, participación amplia e inyectar aire fresco en la sociedad.

El proceso electoral es parte de la solución a nuestra crisis, es una oportunidad para discutir y decidir que país queremos ser, es una vía para un futuro menos ominoso”.Esa declaración es falsa, ampulosa y ofensiva.

Los partidos son las instituciones menos confiables y más repudiadas; son incapaces de responder a los requerimientos actuales; y los candidatos, en su mayoría, son beneficiarios del constante reciclamiento; o personajes impresentables. Y si el rumbo del país se va a discutir y decidir en el mismo tenor que los spots y debates, el futuro es amenazador.

Tal parece que la casi inexistencia del Estado de Derecho, en vez de inspirar la lucha por gobiernos eficientes y honestos, y por una sociedad respetuosa de las normas, nos hace despreciar las leyes y abominar de la autoridad y el orden.

Por eso debemos recapacitar en que las leyes son la estructura que hace posible la existencia del Estado, y la convivencia organizada, pacífica y creativa. 

La tarea legislativa reclama una atención especial por el caos que han producido las leyes impuestas por la globalidad; el exceso de normatividades especiales contradictorias entre sí y contrarias a los principios generales del Derecho; y la falta de dinero para operar los cambios legislativos. Se requiere una generación de legisladores serios y responsables que armonicen el sistema legal y lo conviertan en un  sistema inteligible y práctico.