La democracia electoral

Un concepto es verdadero cuando lo que expresa coincide con el objeto. Sin embargo, los políticos profesionales a sabiendas, mediante la mercadotecnia electoral, tergiversan el sentido de las palabras para fabricar expectativas falsas.

El lenguaje correcto es la única forma cabal para entendernos, por eso su adulteración distorsiona la percepción de la  realidad.Vivimos una época de 71 años bajo el régimen de un partido predominante y autoritario, marcada por el subdesarrollo y la desigualdad extrema entre las élites privilegiadas y las masas de los desheredados.

Tal situación y la búsqueda de mensajes breves y contundentes hizo que la democracia electoral se ofreciera como la panacea para la transformación social. 

Eso provocó que la mayoría de la población no analizara la realidad, no asumiera la responsabilidad de su participación en el cambio, y sólo se ocupara del sufragio libre y efectivo; pero ahora que es real la contienda entre partidos y la alternancia en el gobierno, sabemos que eso no basta para el progreso social.

Eso ha desmoralizado a muchos que ahora culpan a la libertad electoral de nuestros males. 

Por eso debemos precisar el significado de la democracia electoral y trascenderla. Norberto Bobbio dice que es el procedimiento legal para elegir quién debe tomar las decisiones públicas y cómo debe de hacerlo; y la regla fundamental es el respeto a la mayoría. Así, pues, la democracia no es buena ni mala en sí misma, pero es el único sistema donde los habitantes somos ciudadanos libres con el derecho de votar y ser votados, y de participar en las decisiones colectivas.

Aceptemos que en la política electoral hemos avanzado; pero esforcémonos, ahora, por  la democratización interna de los partidos y la disminución de las prerrogativas; por que los gobernantes y candidatos presenten sus declaraciones patrimoniales, fiscales y de conflictos de interés; y por nutrir  a la democracia con los valores de la justicia social y el humanismo.