La credibilidad y el Estado de Derecho

El Presidente reconoció que la desconfianza hacia el gobierno obstaculiza la consecución de las metas oficiales.

Es evidente que las causantes son la corrupción, la pobreza, la delincuencia y la protesta social violenta. Por esos males el gobierno y los partidos han perdido la credibilidad; y lo más grave es que están debilitando al Estado mismo. Los estados débiles están en un nivel intermedio entre aquellos cuyo régimen de derecho es válido y eficaz, y los fallidos.

En ese nivel el Estado no controla la totalidad del territorio, no ejerce el monopolio de la fuerza pública, no cobra impuestos de manera general y equitativa; y las leyes no se aplican a todos por igual se exime a muchos de su cumplimiento y sofoca a otros  con cargas exhaustivas. 

Ese es el esquema de la realidad mexicana, donde coexisten entidades pacíficas y laboriosas, con una gran pujanza económica y bienestar social, con otras sumidas en el caos y la marginación en las que el Estado ha sido suplantado por delincuentes, o por anarquistas, o por revolucionarios disfrazados de luchadores sociales que imponen regímenes de excepción. 

Es innegable que el problema vertebral es la inconsistencia del Estado de Derecho y en que no valoramos el peligro que entraña su desaparición. El Estado de Derecho es la síntesis del camino recorrido para depositar el poder soberano en las leyes para que ellas imperen sobre gobernados y gobernantes.La ley tiene que ser general, obligatoria, abstracta y coercitiva; porque nadie ha de ser disculpado de su observancia, no debe regular actos concretos y particularizados, y la autoridad debe ser capaz  de exigir su cumplimiento por medio del poder público.

Es obvio que la falta de cualquiera de esos elementos desnaturaliza la ley y pone en peligro la existencia del Estado. Es cierto que todas las naciones padecen los mismos males, pero no con la regularidad e intensidad que hacen creer que la corrupción y la violencia son normales. Afortunadamente, varios sectores de la sociedad civil están regenerando los valores cívicos; y es obligación de todos sumarnos a ese esfuerzo y luchar por la transformación pacífica y ordenada del gobierno, antes que la desconfianza y la angustia provoquen una crisis social.