La civilidad y el tránsito de vehículos

La vida salvaje, la barbarie, se caracteriza por la anarquía y la violencia. Por el contrario, la vida en una comunidad jurídicamente organizada, esto es en una ciudad, implica el respeto a las reglas establecidas para  la convivencia pacífica y ordenada. Así, en estricto sentido, no merece vivir en sociedad quien no respete el derecho. 

El gobierno tiene la obligación de dictar las normas y de sancionar a los infractores para hacer posible la vida comunitaria. Lamentablemente, los gobiernos mexicanos se han caracterizado por su indecisión para hacer respetar las leyes, sin recapacitar en los daños individuales y colectivos que ocasionan. 

Pero, así, como el gobierno es culpable por no encausar, legítimamente y con respeto a los derechos humanos, el curso de la vida en sociedad; los habitantes somos en gran parte responsables de la confusión, la arbitrariedad y la violencia que imperan en muchas esferas de la vida colectiva porque no respetamos las reglas de conducta.En la Laguna debemos reflexionar sobre esa situación; son alarmantes el número de muertos, heridos y daños materiales provocados en los accidentes viales.

Para evitarlos se necesita la acción gubernamental y ciudadana concertada para reducir el límite de velocidad; imponer arrestos a quienes manejen en estado de ebriedad, hablando o escribiendo por teléfono; hacer alto total en las bocacalles; respetar las vías peatonales; restablecer los carriles de estacionamiento donde están prohibidos; y  restituir las  banquetas destruidas por las gasolineras, las tiendas de conveniencia y por quienes las han convertido en estacionamientos en batería.

Para que eso es indispensable tener conciencia de que la civilidad es la característica de las personas que respetan las leyes y contribuyen al  funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de sus conciudadanos.