El centralismo y la falta de representantes populares

Las leyes no deben de ser arbitrarias, por el contrario, según el principio de racionalidad, han de ser congruentes con los hechos y con el sistema jurídico-político. Desde ese punto de vista la situación del Congreso Federal, dividido en las  cámaras de diputados y senadores, no corresponde al origen histórico; y sus funciones son, en gran medida, ajenas al federalismo y a la representación popular. El bicamarismo nació en Inglaterra en el siglo IV; el Parlamento se dividió de manera natural en la Cámara Alta o de los Lores para representar a la nobleza; y la Cámara Baja o de los Comunes, al pueblo. Siglos después, Norteamérica adoptó el bicamarismo para que los Estados aceptaran el pacto federal; por eso el Senado representa a los Estados y la Cámara de Representantes, o diputados, al pueblo. Así, cada Estado tiene el mismo número de senadores; y, en cambio, el número de representantes es proporcional a la población.En Inglaterra y Norteamérica el bicamarismo fue una exigencia de los hechos, pero después devino en teoría política para dividir los congresos en dos cámaras cada una como representante de un sector distinto.

México adoptó el  sistema federal bicamarista de los USA, por lo que originalmente el Senado representaba a los Estados y se elegían dos por cada entidad federativa.   Sin embargo, la Constitución se reformó y actualmente el Senado se integra por 128 senadores; de los cuales, en cada Estado y en el Distrito Federal, dos se eligen por mayoría relativa y uno se asigna a la primera minoría; los 32 restantes se eligen por el principio de representación proporcional en una sola circunscripción nacional.

Así los Estados ya no tienen igual número de senadores; y ellos ya no representan a los Estados. Por consecuencia, se debilitó el federalismo porqué los Estados carecen de un cuerpo legislativo que vele por sus derechos e intereses; situación que facilita y fomenta el centralismo. Por otra parte, los senadores y diputados han renunciado tácitamente a su calidad de representantes populares, porque conforman fracciones parlamentarias entre los militantes de cada partido político para votar en conjunto. De esa manera, actúan en representación de su partido votando por las leyes que políticamente les convienen; y se olvidan del pueblo.

Ese olvido es palpable en las leyes hacendarias, en las otras cargas gubernamentales y en la falta de servicios. Los congresistas, por sus privilegios y el divorcio de las causas populares, cada día se asemejan más a los patricios romanos; y en esa tesitura el pueblo necesita con urgencia que haya Tribuni Plebis, tribunos de la plebe, de los habitantes comunes, que defiendan con ardor a los hombres y mujeres que sólo tienen como patrimonio su trabajo y que ahora no tienen quien represente sus derechos en el Congreso.