El bien común en el olvido

Gobernar, dice el diccionario de la RAE, es mandar con autoridad una cosa; guiar  o conducir; y gobernación es la acción y efecto de gobernar. Por su parte los diccionarios de Derecho explican que gobierno, en sentido amplio, es el conjunto de órganos mediante los cuales el Estado actúa en cumplimiento de sus fines.

De conformidad con su finalidad y los medios que utilicen para alcanzarla, los gobiernos pueden ser democráticos, autoritarios o dictatoriales. La finalidad de los gobiernos demócratas es la consecución de la vida ordenada y segura; así como la creación de las posibilidades reales de desarrollo moral, cultural y económico. Sus medios son la libertad y la participación ciudadana.

Así, pues, la gobernación en un régimen democrático debe unificar el trabajo de los órganos o poderes del Estado en el propósito común de guiar con autoridad la vida pública hacia el bienestar individual y social. Para el pensamiento occidental, nutrido en los filósofos e historias de Inglaterra, Francia y EUA, un gobierno sin esas características no es demócrata aunque tenga elecciones libres.

En México ciframos la regeneración positiva del poder y la sociedad en el advenimiento de la democracia real, confiando en que su principal efecto sería alcanzar el bien público. Mas el régimen que ahora vivimos ha servido para fortalecer a la clase política que manipula los mecanismos electorales y administrativos para conservar el poder y aumentar sus prebendas.

En ese contexto la acción gubernamental se ha reducido a la elaboración indiscriminada y defectuosa de leyes y reglamentos cuyos propósitos son penalizar el mayor número de conductas, imponer cargas tributarias, satisfacer los mandatos del capital internacional y los propósitos de la globalización;así como a la realización de obras de conveniencia que enriquezcan a las autoridades y a los empresarios orgánicos.

Ahora tenemos un régimen de democracia electoral que sólo ha beneficiado a la alta burocracia y a los grupos conectados con ella; y no gobierna para el bien común, por lo que  ha  perdidosu razón de ser. La democracia, en palabras de Lincoln, es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. De tal manera, si la esencia democrática desaparece, con ella se desvanece la fe popular en el gobierno y sus instituciones, y sobreviene la desilusión política que pone en riesgo el orden social.