Viajeros en peligro

El terrorismo y las medidas para prevenirlo atemorizan al viajar en avión. Pero los aduanales y policías que combaten al narcotráfico aterrorizan, como lo ejemplifica la experiencia de Oscar Montes de Oca: para volver a México abordó un avión en Argentina, con escalas en Perú y Colombia, a su llegada lo hicieron coger una maleta y en ella encontraron cocaína, lo detuvieron y trasladaron a un penal de Tepic; violando sus derechos elementales. 

Todos debemos de gozar de los Derechos Humanos reconocidos en la Constitución y en los tratados internacionales; y las autoridades están obligadas a respetarlos y protegerlos. La libertad y la presunción de inocencia son dos de los principales Derechos.

Al efecto, el art. 20 constitucional dispone que el proceso penal tiene por objeto el esclarecimiento de los hechos y la protección del inocente; y la inocencia debe de presumirse mientras no se dicte sentencia condenatoria. 

El Código Nacional de Procedimientos Penales establece que sólo se podrá detener a una persona cuando exista una orden de aprehensión en su contra, o se le sorprenda cometiendo un delito en flagrancia; se entiende que hay flagrancia cuando la persona es detenida en el momento de estar cometiendo un delito; o si inmediatamente después de cometerlo es perseguida material e ininterrumpidamente; o cuando tenga en su poder instrumentos, objetos o productos del delito. 

Ahora, bien, al viajar en avión las maletas grandes se entregan físicamente al personal de la aerolínea, desde ese momento ya no están en poder del viajero.

Si es un vuelo internacional con escalas y cambios de avión, el equipaje se documenta hasta el destino final, por lo que en cada escala se baja del avión y se carga sin la presencia del viajero que no vuelve a verlo hasta que se lo  entregan en su destino.

En esos casos es físicamente improbable que exista la flagrancia por posesión y transporte de narcóticos, porque al llegar el viajero no está cometiendo ningún delito, ni ha sido perseguido ininterrumpidamente; y las maletas, que en esos casos serían los instrumentos, objetos o productos del delito, no han estado en su poder; y a la llegada es el personal aeroportuario quien las baja y las pone a disposición material de los viajeros.  

Las autoridades deberían de instrumentar otras medidas de seguridad para no seguir atropellando impunemente los Derechos Humanos y la legislación penal.