Radiografía del conflicto magisterial

El fondo de la mayoría de los conflictos es el abuso inmisericorde de los pobres y la explotación extenuante de los recursos naturales en beneficio del capital; así como la complicidad de los gobernantes que fomentan la injusticia social en su provecho. La marginación sin esperanzas de redención es el caldo de cultivo para los movimientos populares y el surgimiento de líderes venales. Eso ocurre en los estados sureños en los que se ha concentrado y agudizado la lucha magisterial.

Pero la situación no es privativa del sur: la miseria, la insalubridad, el desempleo y el descontento en contra del sistema están presentes en todo el país. Por eso las protestas sociales que argumentan de manera coherente la comisión gubernamental de hechos injustos en perjuicio de grandes colectivos, tienen potencialmente el poder de provocar una conflagración generalizada.

Por ese peligro latente, los gobernantes no actualizan el Estado de Derecho, y confían en que la captación económica de los líderes, la concesión de pequeñas dádivas populares y el tiempo debiliten la oposición para que todo continúe igual. Otra causa es la imposibilidad oficial para distinguir el Estado de Derecho de la represión. El Estado de Derecho es la correcta procuración y administración de justicia pero también el acceso a los bienes de la justicia social.

Es una paradoja que los gobernantes inmoralmente enriquecidos, los partidos políticos que viven en la abundancia aprovechándose de los recursos del pueblo, y la alta burocracia o nomenclatura que crea, sostiene y fortalece el mecanismo laboral oficial de ingresos, ascensos, privilegios y tráfico de influencias sólo vea el huevo de la serpiente en los vicios del magisterio; reprobables sí, pero, al fin de cuentas, reflejo fiel del aparato gubernamental.

Casi toda la educación, no sólo la elemental, es obsoleta e insuficiente. Las condiciones materiales de la mayoría de las escuelas gratuitas son deplorables, las universidades del Estado son insuficientes, se privilegian las carreras que no requieran talleres ni laboratorios, se fomentan las profesiones saturadas y abundan las universidades “patito”. Para colmo, el Presidente se enorgullece de otorgar por decreto a millones de personas certificados de primaria y secundaria.

El gobierno y la sociedad estamos obligados a reflexionar y debatir los problemas nacionales en sus escenarios completos; y a emprender la transformación desde arriba; y no sólo a través de limpiar la base de la pirámide.