Nuevo sistema socioeconómico

Existen dos formas de ver y comprender las cosas. Por eso se dice que quien está en medio del bosque sólo ve árboles individuales y no la totalidad; en cambio quien está fuera sólo ve el bosque y no los árboles. Algo similar ocurre en las contiendas electorales.

Los factores reales de poder, los altos jerarcas de la economía, las religiones, las organizaciones sociales y las fuerzas armadas, deciden desde el amplio espectro de sus intereses, pero sin considerar los efectos en los individuos.         

Por su parte, los partidos, los candidatos y sus equipos, por razones naturales, pierden la visión del conjunto y se enfocan en sus luchas particulares.

En tanto, los que vivimos el día a día en las ocupaciones ordinarias, no destinamos el tiempo suficiente o carecemos de los medios adecuados para obtener una visión panorámica de los acontecimientos y elegimos por simpatía espontanea o por la manipulación de los medios. 

Esa turbiedad impide que nos percatemos cabalmente de que esta elección se inscribe en el enjuiciamiento internacional en contra del neoliberalismo, por la desmesurada concentración de la riqueza y la onda expansiva de la pobreza.

Las reacciones son diferentes: unos países apelan al nacionalismo y la economía cerrada; otros a nuevas aplicaciones de la socialdemocracia y, naturalmente, están los autoritarios y los populistas de izquierda o derecha.

Los paradigmas de los distintos sistemas son: el socialismo de Estado de China, Corea del Norte y Cuba.

El régimen de Estado de Bienestar de Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia que gracias a ese estado intermedio entre capitalismo y socialismo han alcanzado los más altos niveles de igualdad social.   

México necesita encontrar y trazar su propio camino al desarrollo con justicia social. Eso debería de ser la preocupación de políticos y ciudadanos.