México invertebrado

José Ortega y Gasset en su libro: España Invertebrada, escribió: “La enfermedad española es, por mala ventura, más grave que la susodicha “inmoralidad pública”. Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad. Que una sociedad sea inmoral, es grave, pero que una sociedad no sea una sociedad, es mucho más grave. Pues bien: éste es nuestro caso. La sociedad española se está disociando desde hace largo tiempo porque tiene infeccionada la raíz misma de la actividad socializadora.”Esa es la descripción de nuestra actual situación. México está enfermo de barbarie e impunidad; y esos males están disolviendo los lazos sociales de identidad, ayuda mutua y respeto a las leyes que deberían unirnos para la promoción y el favorecimiento del desarrollo integral. La lucha intestina que sufrimos desarticula y confronta a la población y al gobierno.El presidente Calderón, en su momento, declaró, sin la ley previa del Congreso, la guerra al narcotráfico; después se autocorrigió y dijo que fue un error de comunicación que se trató de una estrategia contra las drogas. El presidente Peña Nieto intenta desactivar la creciente tensión nacional e internacional evitando que los medios privilegien las noticias sobre la delincuencia organizada y la violencia. Sin embargo, la realidad se sobrepone a la retórica publicitaria. Los resultados de Calderón confirman que vivimos una guerra interna, fueron, aproximadamente, 80,000 muertos y 26,000 desaparecidos; y, al final, el fracaso, la opacidad y la impunidad. Si el presidente Peña Nieto continúa con el mismo modelo los resultados con los datos actuales y los predecibles serán los mismos. La opacidad, el silencio lacerante y la impunidad ante tanto dolor y muerte  agudizan el resentimiento social de los inocentes y envalentonan a la delincuencia. Eso y la falta de desarrollo económico, equitativo y tangible convierten la situación en un caldo de cultivo para el estallido social; y los interesados en cambiar el sistema político por medios violentos quieren aprovechar como detonante los trágicos sucesos de Ayotzinapa, incitando a la rebelión y a la inmovilización política y económica de la nación.Ante eso, el gobierno debería de dejar los subterfugios y poner la situación sobre la mesa con la información real de lo ocurrido y lo que ocurre en la lucha contra la criminalidad; e investigar la verdad sobre todos los homicidios y desapariciones para castigar a los culpables. Con esos elementos debe armar un discurso y un programa de acción razonable, posible y con el poder curativo que la situación demanda; y convocar a la sociedad a participar de manera pacífica y articulada en la construcción de la paz.