Instituciones sólidas

Vivimos una crisis percibida de distintas maneras: el gobierno por estrategia aparenta que tiene el control; la mayoría no se preocupa y no piensa hacer nada; otros han encontrado posibilidades para aprovechar este trance; muchos se han sumado a las múltiples formas de la delincuencia; y sólo un pequeño número  enfrenta la posibilidad de una conflagración con el ánimo de evitarla mediante el fortalecimiento de las instituciones.  El análisis de los hechos históricos nos enseña a entender el presente y prever el futuro. Así, hemos aprendido que a la caída de un sistema político sobrevienen la anarquía y el caos producidos por las luchas entre facciones de rebeldes, hasta que se impone un gobierno autoritario y represor; y sólo después de muchos quebrantos viene la pacificación bajo el imperio de la ley y el orden. En ese escenario podemos ver las dos etapas de la Revolución Mexicana, o mejor las dos revoluciones. La que inició el levantamiento contra Porfirio Díaz y terminó con el triunfo de Madero; y la otra, la verdadera, que comprende el asesinato de Madero, el alzamiento de Carranza en contra de Huerta y las luchas posteriores entre los caudillos por el poder político; ésta no terminó hasta que hubo un gobierno capaz de crear un nuevo orden con instituciones adecuadas. La creación de instituciones sólidas es un largo proceso en cuatro tiempos: primero se reconoce la existencia de un problema social que demanda la creación de una institución; segundo se crea la ley que dará vida a la institución propuesta; tercero el poder ejecutivo pone los medios materiales para que la institución funcione; y en cuarto lugar el tiempo prueba la fortaleza y eficacia de la institución para resolver el problema planteado. Hoy como en otras crisis, a pesar de la experiencia histórica, surge la tentación de invocar el establecimiento de un gobierno autoritario que por la fuerza pacifique a la nación. Quienes así piensan pasan por alto que la verdadera paz sólo se alcanza con el imperio de la ley y la existencia de instituciones de seguridad y justicia que con firmeza y absoluta legalidad repriman los delitos de toda índole y castiguen a los culpables.       Ahora bien, para que las actuales instituciones de seguridad y justicia tengan la capacidad de enfrentar y resolver esta crisis provocada por la criminalidad, la violencia y la crispación social es indispensable que los gobernantes antepongan a sus intereses, el interés superior de la nación; y nosotros, los ciudadanos, observemos las leyes y exijamos activamente su cumplimiento. La substancia de las instituciones son las leyes y estas no existen si no se respetan. Así, pues, iniciemos la reconstrucción del Estado de Derecho, antes de que triunfen el caos y la anarquía.