Gobernación

Los principales obstáculos para el desarrollo integral y con justicia social del país son, incuestionablemente, el deficiente sistema de educación que no ha logrado formar a la niñez ni preparar técnica y profesionalmente a la juventud; y mucho menos forjar ciudadanos con principios y valores cívicos; la delincuencia incontrolada, la impunidad y la deshonestidad gubernamental y de significativos segmentos del sector privado.Además, existen multitud de colectivos que con causa justa o sin más motivo que la necesidad y el resentimiento social  actúan de manera desordenada y violenta tratando de imponer su voluntad con protestas abusivas que sólo lastiman a los demás ciudadanos, o simplemente viven al margen de las leyes. Esos grupos también rompen el Estado de Derecho y privilegian la anarquía.A los males antes dichos, se suma la obsesión de muchos gobernantes por el poder y la riqueza; ambición que es la causante de la mezcla de las ideas y prácticas políticas con la fundación y manejo de negocios particulares. El temor de perder sus beneficios los hace permisivos y lo mismo consienten las imposiciones de los potentados que claudican ante la presión de  las protestas populares. Así por el miedo y la codicia no imponen el respeto al principio de autoridad. En medio de esa turbación vive atemorizada y, desgraciadamente, hostigada por los gobiernos la sociedad civil: ese colectivo conformado por las personas que  observando la Constitución federal tienen un modo honesto de vivir, educan a sus hijos en los valores cívicos y contribuyen a los gastos públicos y, por lo tanto, son de pleno derecho ciudadanos mexicanos. Pero que no tienen la fuerza del dinero ni la coacción violenta de la turba para hacer valer sus derechos.Los ciudadanos honestos y pacíficos, gubernamentalmente, sólo existen para pagar impuestos. Nadie del gobierno cuida la calidad y la oportunidad de los servicios públicos; fuera de las capitales federal y estatales la mayoría de las  oficinas están en el abandono; los servidores públicos son prepotentes y los trámites tortuosos. No importan la urgencia ni la perdida de dinero y tiempo.Es cierto, las grandes obras y las políticas públicas son necesarias, pero el país tiene urgencia  de que se ponga atención a los actos de gobierno cotidianos. La ciudadanía tiene verdadera necesidad de un gobierno humano y cercano que la entienda y atienda. Para eso es indispensable que la gobernación descienda de las altas esferas de la planificación y haga que las leyes y los servidores públicos cumplan sus funciones en beneficio de los ciudadanos.