Formación del criterio político

Una de las cualidades más difíciles de alcanzar es la objetividad, esto es la capacidad de ver y juzgar la realidad en sí y no a través de nuestro modo de pensar y sentir. 

Esto es particularmente difícil en México. El gobierno con la complicidad de los medios fabrica un mundo imaginario donde todo son éxitos sin precedentes; y los opositores descalifican todo avizorando el apocalipsis.

Muchas organizaciones de la sociedad civil, padecen de dicotomía: en el discurso niegan sus propósitos políticos y en la práctica sus acciones están encaminadas a la obtención del poder público.

Los voceros de las empresas globales simulan que sus ambiciones de ganancias económicas están acotadas por su responsabilidad social que los obliga a privilegiar el bienestar general y la protección del medio ambiente.

En medio de esa confusión de mensajes opuestos a la opinión y al sentir de los hombres y mujeres comunes, que somos la gran mayoría, es complicada la formación del criterio propio, entendido como la norma para conocer la verdad. 

Es la negación premeditada de las cosas la que provoca que muchos sigan esperando la llegada de un mesías que por sí mismo transforme al país y realice la justicia social.  

Ese anhelo popular es explotado por los políticos que en cada campaña electoral a fuerza de publicidad, entrevistas y columnas a modo, exaltan a los candidatos al altar de los semidioses. 

Es imperativo exigir que las campañas sean la ocasión para que partidos y candidatos hagan y expongan un diagnóstico realista de la condición nacional, y que las propuestas sean acordes a las fortalezas y debilidades diagnosticadas.

Así podríamos formarnos un verdadero criterio político para juzgar y elegir que grupo de hombres demanda el desarrollo equitativo del país.