Factores de inestabilidad y violencia

Las enfermedades sociales sólo se curan si se conocen las causas que las provocan. México padece una crisis de inseguridad, violencia, marginación social y corrupción: como si hubiera sido atacada por las plagas bíblicas.

Los males son evidentes e irrefutables, pero las explicaciones y las acciones correctivas son insuficientes. Hay que investigar a mayor profundidad y establecer hipótesis que expliquen la génesis y el estallido de la turbulencia que sufrimos.

Las hipótesis servirían para conformar el consenso nacional y para proponer políticas materialmente realizables.

Para eso deberían tomarse en cuenta los siguientes hechos, cuyos efectos no se han valorado en toda su amplitud y profundidad.

El régimen cambió radicalmente en el año 2000; creímos que habíamos transitado pacíficamente de un sistema de partido hegemónico y de presidencialismo autoritario, a uno de democracia electoral y de gobierno pluripartidista y acotado.

Pero la transición, anhelada e irrenunciable, debilitó al presidencialismo sin formar otra fuerza emergente. Fox cedió poderes a los gobernadores y les entregó ingentes cantidades de dinero convirtiéndolos en señores feudales.

Calderón para alcanzar la legitimación popular, encontró en el narcotráfico el enemigo común e incuestionable y le declaró la guerra de manera imprudente e improvisada, esperando cohesionar al país en torno al presidente.

Todo con el telón de fondo de la política intervencionista de los EEUU, siempre interesado en socavar al país: ahí están la venta ilegal de armas, la imposición del inconstitucional Plan Mérida y la imbatible economía subterránea e internacional del narcotráfico.

Ante eso, el gobierno actual sólo atina a repetir las acciones anteriores y a ensayar discursos retóricos.

Parece que estamos pagando el precio de la conversión a la democracia ¡La transición no admite retrocesos, pero al país le urge reencontrar el camino a la paz!