Debates insubstanciales

Los debates políticos son para que los candidatos disputen entre ellos de cara a los electores. Su finalidad es que los ciudadanos se enteren de la inteligencia, conocimientos y temperamento de los contendientes. Si la finalidad no se cumple, independientemente de los resultados electorales, los debates son intrascendentes.

La influencia internacional de los EEUU, sus condiciones internas y las características personales de Trump y Hillary, hicieron que los dos debates despertaran una gran expectativa y tuvieran una inmensa audiencia en los medios de comunicación.

El mundo está asolado por guerras, terrorismo, narcotráfico, migración y crisis económica y muchos responsabilizamos a EEUU. Noam Chomsky dice que en EEUU se han fortalecido el populismo conservador y el ultranacionalismo porque la clase trabajadora blanca fue abandonada por los demócratas desde 1970. Y ellos son quienes apoyan a Trump.

Chomsky manifiesta que EEUU es un país de un partido político único, el partido de los negocios, con dos facciones: la republicana y la demócrata. Pero en el fondo se trata de una sola; y da igual como se llame porque ambos partidos han virado a la derecha.

En el exterior EEUU es rechazado, y en su interior hay un profundo sentimiento de amargura y rencor en las clases sociales abandonadas. Sin embargo, en los debates Trump y Hillary se concentraron en las acusaciones mutuas; fue bueno que Hillary evidenciara la conducta totalmente reprochable de Trump, pero por su experiencia, ella debió de invertir los términos de la ecuación resaltando lo imperdonable y utilizando el mayor tiempo en hacer análisis y propuestas contundentes.

No sabemos si no pudo o no quiso hacerlo, pero los debates fueron insubstanciales. Ahora sólo se espera que Hillary gane, no por ser la mejor sino la menos mala.